American DreamSeriesEn primera línea de guerra

Gonzalo Fontán2 semanas ago5104 min

Un fenómeno fundamentado en el sudor, desgaste y exaltación de los valores más oscuros del baloncesto. Un fenómeno que, nacido un nueve de junio de 1981, desarrolló en la figura de Isiah Thomas un atril sobre el cual sostener las líneas históricas que acontecerían en la ciudad de Detroit. En definitiva, y sin más florituras que su posterior descripción, un fenómeno.

Por su naturaleza y origen sería la campaña 1981-82´ el punto de inflexión en la caída al vacío que sufrían los Pistons, la llegada de un líder, personificado en Thomas, y dos de los complementos que a la postre resultarían cruciales como Vinnie Johnson y Bill Laimbeer, supondrían un paracaídas para el rumbo de la franquicia. La espera fue simbólica, pues dos años después pisarían la postemporada tras seis años de dura sequía. En la 1985-86´ nacería la totémica figura de Joe Dumars y un año más tarde Aguirre, Salley y Rodman completarían la “pandémica” creación. Una creación que se caracterizaría por someter a sus rivales a un calvario defensivo en todas las dimensiones y contextos.

La “máquina” corría a cargo de Chuck Daly, tristemente fallecido hace nueve años. Su cabello canoso y sonrisa enigmática escondían unos planteamientos que cubrirían de gloria las vitrinas del Palace of Auburn Hills, pero teñirían de dolor y ansiedad los rostros de los rivales que arrastraría en sus éxitos. Instaurar el temor en el semblante rival era la llave que tanto ansiaban estos Detroit Pistons para la apertura del portón más codiciado, la victoria. Y no es para menos, pues su cerrojo estaba, además, precintado por una dureza extrema. Dureza representada en todos los puntos del campo, pero con especial enfoque en las cercanías a la red. Las principales víctimas de estas presiones y contactos corroboran con lo siguiente:

  • Shawn Kemp sobre los Bad Boys a PlayersTribune: “Los Bad Boys no recibieron este apodo por ser Buenos defensores. Ellos eran malos tipos, te herían. Jamás he jugado con unos chicos como estos”. Y sobre Bill Laimbeer declaró lo siguiente: “La época de rookie que vivió Payton no fue tan mala, pero Michael era Michael. La primera vez que me enfrenté a Bill Laimbeer yo también recibí de esta medicina. Recuerdo una jugada en la que capturé un rebote, visualicé para enviar el pase y solo recuerdo ver a Laimbeer detrás de mí. Me levanté en el hospital”.
  • Patrick Ewing: “Es una realidad, cuando encontrabas a Rick y Bill en la pintura sabías que ibas a salir escaldado”.

Los comentarios no parecen ir mal encaminados si situamos en un contexto audiovisual las “defensas” a las que eran sometidos los jugadores rivales, principalmente con la figura de Bill Laimbeer como protagonista:

Una personalidad –sobre el parqué especialmente- única, aquello que otros explican espetando un improperio, él acompañaba con “caricias o palmadas”. Un interior de conducta propia y larga sombra sobre sus rivales. Su huella, pulida y personalizada a pulso, es tan imborrable como tenebrosa en boca de otros.

Retomando la legendaria personalidad de Chuck Daly, suya fue la idea y método más eficiente hasta la fecha para frenar a Michael Jordan, The Jordan Rules. Basadas en tomar como foco permanente a Michael, éstas pasaban por endurecer los marcajes, sobrecargar físicamente a Jordan y ejecutar cambios defensivos para desequilibrar sus ataques. Además, este planteamiento gozaba de un perfectamente estructurado sistema de ayudas –por denominar de alguna forma al visor laser que empleaban todos los jugadores sobre su persona-, veloces y comprometidas, con el único fin de malograr las intentonas del veintitrés y obligándole a emplear batidas inverosímiles y lanzamientos faltos de sentido para cualquier otro mortal. Todo por y para frenar el arsenal del estilete más afilado en su época. La figura de Joe Dumars luce con especial brillo en este apartado, que con sus pegajosas e incesantes defensas, siempre acompañadas de una flexión inhumana y fricción asfixiante, cumplió con mención honorífica su cometido. Una vez finalizado lo puramente cortés entra en juego ese elemento desarrapado, maquiavélico y doloroso, pues el sobrenombre de Rules era meramente simbólico en una iniciativa impregnada por los codazos, empujones y empentones sufridos por la estrella de Chicago Bulls. Laimbeer y Rodman hacían las delicias de Michael cuando éste pisaba la pintura, siendo objetivo de golpes en pleno vuelo o contactos tras capturar un rebote.

Y lograron completar su misión durante dos años consecutivos (1889-90´ y 1890-91´). Tras batallar contra viento y marea, caer un año antes a las puertas del trono y generar la mayor de las murallas individuales, Isiah Thomas, aunando al estado de Detroit al completo en sus labios, besó el Larry O´Brien –bautizado así seis años antes-.

Gonzalo Fontán

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Related Posts

http://thelinebreaker.co/wp-content/uploads/2018/07/TRANSPARENTE-150x150-1.png

The Line Breaker © 2017-2018 Copyright. All Rights Reserved.

Creative Commons License