ColumnasParadigmaDesafiando al sistema

Es muy difícil llegar a Inglaterra, el fútbol inglés no es para cualquier futbolista. El propio sistema nos obliga a entenderlo.
Gabriel Hidalgo1 mes ago4853 min

La globalización profundizó las raíces del fútbol en la sociedad moderna. Un deporte que en las últimas cuatro décadas solo conoce de éxitos comerciales. Las grandes empresas del mundo se abocaron a una disciplina que demostró, mucho antes de que aparecieran los primeros televisores en blanco y negro, ser una pequeña muestra de lo que significa el ser humano en sociedad. Se convirtió en un ejemplo de un núcleo social. Ejemplifica los síntomas de los individuos que lo rodean. Y en muchos casos, los propios individuos se rebelan ante el orden. Víctimas de un sistema que los hace creer merecedores de la toma de decisiones.

El orden, en este caso, son los grandes clubes de fútbol. Aquellos que entendieron el inevitable cambio que se aproximaba con la llegada del nuevo milenio. Crearon una industria que justifica sus acciones en lo más puro de este deporte. Esa industria es atractiva, hasta cierto punto. El mejor ejemplo de ello son las ligas profesionales, aquellas que año tras año buscan innovarse. En ocasiones se ven obligadas a hacerlo para seguir cautivando a un público embobado, creyente de poseer una sabiduría inagotable. El fanático debe ser un objeto de estudio para entender cómo es que, a partir de ejemplos puntuales, buscan similitudes carentes de contexto. Aunque siendo honestos, se les estudiará para comprender cómo se comportan y así, sacar el mayor provecho posible.

La Premier League ejemplifica el éxito de una liga profesional. No creo que haya otra organización que encuentre mejores respuestas a cómo crear un espectáculo. Se desarrolla en un país que la propia historia lo define como precursor, una herramienta que supieron volcar a su favor. No es casualidad que a la temporada siguiente del histórico campeonato de Leicester City, emplearon un cambio comunicacional gigantesco. El resultado de eso es ser por lejos, la liga más atractiva para el consumidor. Y solo por ese simple hecho, la exigencia aumenta considerablemente. Es muy difícil llegar a Inglaterra, el fútbol inglés no es para cualquier futbolista. El propio sistema nos obliga a entenderlo.

No abundan los outsiders en una tierra en donde se acostumbraron a derrochar grandes cantidades de dinero, producto de una televisión que ejemplifica, también, una muestra de su sociedad. Mattéo Guendouzi nació un mes antes de la primera Champions de Sir Alex Ferguson y doce semanas antes de la llegada de Thierry Henry al Arsenal. Por supuesto que con 19 años, tiene muchísimo que pulir. Unai Emery lo presentó ante el mundo como el encargado de recibir el primer pase desde los centrales, pertenecientes a una defensa que tiene varios años demostrando falencias estremecedoras. En todo caso, el chico tiene una valiosa oportunidad: mejorar su conducción y la toma de decisiones, en la mejor liga del mundo. No se esconde, de hecho, pide el balón constantemente y busca posicionarse como la mejor opción para su compañero, en eso, tiene una virtud importante. No es una super promesa, pero sus primeros pasos en el fútbol inglés transmiten la seguridad de que al menos va camino a ser un candidato.

Mattéo entró en la escena que menos lo esperábamos y da la sensación de que no será su único acto. Aceptó el reto de evolucionar en medio de una liga que aniquila al rezagado y en donde tampoco sobran las segundas oportunidades. Se presentó como parte de una renovación implorada a gritos por miles de personas destinadas a revelarse ante la autoridad, de esos levantamientos que surgen en el primer mundo. Guendouzi llegó en una época de transición que busca estabilizar a una institución en cosas que van más allá de lo deportivo. Encontrar un rumbo tras perder al guía de las últimas dos décadas es el principal objetivo de un club que aún despierta con cierta resaca. Encuentra entre sus virtudes, ser parte de la primera generación post-Arsene Wenger. Con Unai Emery como entrenador (estableciendo la famosa salida emeryana), su potencial es incalculable. Lleva semanas desafiando al sistema y por eso, no debemos quitarle la mirada. Más pronto que tarde, alardeará haberlo vencido.

Gabriel Hidalgo

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