ReportajesRompiendo la barrera

Anderson Ayala1 semana ago4868 min

Los fantasmas también juegan fútbol, diría Juan Villoro. Aunque el contenido de esa frase pueda parecer sobrenatural, la clave con que dio el escritor mexicano fue el referir una dimensión del deporte que trasciende lo tangible. En esa dimensión no se juega, aunque ella también tiene su parte en el juego. El último escenario donde ésta se hizo presente fue en el finalizado Mundial de Rusia, gracias a una selección en particular: la de Inglaterra, que alcanzó en lo deportivo mucho más de lo que había planificado, pero que en un plano no material logró uno de sus hitos más importantes de cara al futuro. Los ingleses acabaron en cuarto lugar, pero lo que se llevan a la isla de Gran Bretaña es algo que no se ve y que no puede tocarse: un cambio trascendente en la psicología colectiva de la selección que se desglosará en los párrafos siguientes.

No se puede cuestionar que el equipo de ‘Los Tres Leones’ tuvo éxito en este mundial, aunque, a diferencia de lo que reflejó la prensa, es un éxito que no solo viene dado por haber vuelto a unas semifinales 28 años después, o por haber dado rodaje y experiencia a una camada de jóvenes cuyo objetivo real es Catar 2022. El éxito viene sobre todo por el derrumbe de una barrera, un muro construido con el paso de las décadas desde 1966, que se ha impuesto en cada vestuario al que llegó la selección en los consecuentes torneos internacionales. Esa barrera no tiene existencia material, aunque sí está arraigada en un plano psicológico, y para facilitar su comprensión, quedará sintetizada a partir de una frase concreta: “fuera de la isla no se gana nada”.

Esa ha sido la realidad de la selección inglesa a lo largo de su historia, pues como deja notar su palmarés, el único título internacional que tiene lo ganó en su tierra, en el Mundial que albergó en 1966. Fuera de eso, nada, con el asterisco de la Eurocopa de 1996 que también albergó, pero en la que no pudo coronarse. Esto corresponde a cómo se vive el deporte en la isla británica.

El desarrollo del fútbol a lo largo de 90 minutos es diferente en Gran Bretaña y fuera de ella, y esto le ha pesado a generaciones de ingleses, incluyendo al equipo dorado de Lampard, Gerard, Terry, Rooney y demás estrellas. Dentro de la isla, factores como la actuación efusiva del público desde el inicio hasta el final, y el dinamismo del juego producto de la fórmula ‘atacar y dejar atacar’ -sostenida por la confianza de estar en la fortaleza propia-, crean una atmósfera de desenvolvimiento totalmente diferente. La ausencia de esos dos elementos en las competiciones internacionales ha creado una barrera mental que nubla a los jugadores ingleses, sobre todo en situaciones cuesta arriba, impidiéndoles así desarrollar confianza en el colectivo.

Es esa barrera la que logró romper el seleccionado inglés en el reciente mundial, producto del trabajo de meses desarrollado principalmente por una persona: la psicóloga británica Pippa Grange. Con un trabajo metódico y no muy ortodoxo para fomentar la unidad y la cohesión del grupo, ella logró sentar las bases para un cambio de paradigma en lo que llamaré el “inconsciente colectivo” de los jugadores ingleses, que durante su etapa de formación crecieron viendo fracasar a su selección una y otra vez.

Grange, de 47 años de edad, con una Licenciatura en Psicología por la Universidad de Loughborough y un Doctorado en Psicología Aplicada, asumió desde noviembre de 2017 la jefatura del Departamento de Desarrollo de Personas y Equipos de la FA (Football Association), con el gran objetivo de amoldar mentalmente a los jugadores de la actual generación, para establecer con ellos una dinámica de relaciones sociales que fuese más allá del “ser compañeros de vestuario”. Su fin último es y sigue siendo tejer los hilos de un colectivo general, que inserte a todos los jugadores en su centro y los haga partícipes de una unidad fuera de las canchas.

No obstante, Grange tuvo en la mira una asignación de la FA de cara al Mundial, y fue preparar, amalgamar y fortalecer en los jugadores una resistencia psicológica ante momentos de presión. Esto para no permitirles que se venzan a sí mismos con dudas, desconfianza o miedo, sino más bien para enseñarles a aprovechar lo útil de esos estados emocionales naturales. Esa resistencia psicológica dejó ver sus resultados en el mundial, sobre todo en la tanda de penales frente a Colombia, y hay que decir que fue solo con una fracción del trabajo realizado por la doctora, pues parte de su proyecto también va direccionado es al Mundial de Catar. Por eso, además, a los seleccionados ingleses se los vio siempre cómodos en el terreno cuando se ponían en ventaja, pues sabían que la presión ya no estaba de su lado, y por ende podían manejar con más tranquilidad el balón, de un costado a otro, aunque ello terminase por apaciguar el juego.

Parte de su éxito en esa labor ha venido dado por la cercanía que ha establecido con cada jugador. Se ha enfocado en discutir con ellos sobre sus miedos personales y las aspiraciones que pueden tener, a manera de conocer las realidades individuales, para así tratarlos de un modo u otro según lo que haya observado. Esto le ha permitido entender lo naturalmente heterogéneo que es el colectivo, pero a su vez le muestra el camino para ir construyendo con cada jugador un bloque unido, en el que ya no pese la barrera a la que han estado condenados.

Es precisamente ese trato personal con los futbolistas el que ha intentado instaurar entre ellos mismos como algo natural. Esto para que conozcan más allá de las canchas al otro con que comparten vestuario, y así construir cercanías. El que los mismos futbolistas admitan entre sí esas vulnerabilidades e intereses, es un factor que fortalece los lazos de confianza que se han construido y, como agregado antropológico, les enseña a convivir con mayor sensibilidad y compañerismo. Si los jugadores se conocen a fondo y se entienden a sí mismos como seres humanos, no habrá posibilidades de que se inhiban, y esto lo ha tenido claro Grange. Es evidente que un espíritu de grupo fuerte conducirá a un mejor desenvolvimiento en el césped.

Parte de su método en el Mundial consistió en aplicar juegos que podrían considerarse infantiles o poco serios, pero que justamente se insertaron en esa tónica de conectar a los jugadores entre sí. La más conocida de estas dinámicas fue la que se filtró en una foto, donde se reflejaba a varios jugadores en una piscina, cada uno encima de un salvavidas, compitiendo en carreras cortas. Esto les seguía exigiendo esfuerzo físico, pero a la par les ayudaba a verse como jóvenes adultos que se divertían con algo que retrotrae a la infancia.

Además, según el diario británico The Guardian, la doctora Grange ha focalizado su trabajo consistentemente en cinco puntos que, según considera, podrían permitirle al seleccionado inglés alcanzar el éxito. Estos son:

  1. No temerle al fracaso, sino aprovechar la vitalidad que genera el miedo.
  2. Reformular las emociones para no dejarse dominar por un estado anímico sino siempre mantener la racionalidad.
  3. Sostener pensamientos positivos y de optimismo.
  4. Comprender la variedad de un grupo heterogéneo y mostrar la importancia de cada miembro, por más diverso que sea
  5. Interactuar con amabilidad entre ellos, generar empatía y ser un buen oyente para mostrar respeto y reconocimiento del otro.

Estos métodos, enfoques y puntos a tratar han sido la fórmula que Grange ha aplicado sobre la nueva generación inglesa, para construir con ella un grupo cohesionado y con fortaleza mental, que pueda volver a tener un éxito internacional. Por ahora, en una primera etapa, ya ha demostrado que se puede derribar la barrera psicológica de “no triunfar fuera de la isla”, cosa que estuvieron cerca de hacer los jóvenes ingleses, quizás de no haber sido por el gol de Mandžukić en el ocaso de la prórroga ante Croacia en semifinales. Lo que le resta a Grange y a los jugadores que sean parte del proyecto, será desmontar poco a poco esa extensa barrera psicológica, a la que ya le abrieron un enorme hueco frontal.

Como se ve, entonces, el éxito de Inglaterra vino a partir de lo intangible. Logró alcanzar unas semifinales y dio rodaje a una camada de jóvenes, pero lo importante para ellos no tuvo existencia material: fue algo logrado a nivel psicológico, en la mente de los jugadores. En esa dimensión que trasciende lo tangible tuvo que desenvolverse la doctora Grange, pues era el único lugar del que combatir un viejo y muy arraigado paradigma. Con un nuevo proceso mundialista que ya se avista en el horizonte, 4 años pueden resultar suficientes para derrumbar un mito de la psiquis colectiva: la ilusión de que no es posible ganar fuera de Gran Bretaña. De lograrse esto, y suponiendo que la Premier desarrollará el talento de los jóvenes ingleses, el bloque que podría llegar a Catar, unido ahora en juego y en espíritu, tendría de antemano más posibilidades que las generaciones inglesas predecesoras, al menos desde 1970 en adelante.

En la FA parecen haber entendido finalmente la causa del mismo mal torneo tras torneo, y como respuesta idearon un plan que va más allá de lo deportivo. Comprendieron que la solución no se podía dar en el plano de lo material desde un terreno de juego, sino en el terreno de la mente, en esa dimensión de lo no tangible que también toma parte en el fútbol. El cambio en Inglaterra no fue futbolístico, fue mental.

VOLGOGRAD, RUSSIA – JUNE 18: Harry Kane of England celebrates after scoring his team’s first goal with team mates during the 2018 FIFA World Cup Russia group G match between Tunisia and England at Volgograd Arena on June 18, 2018 in Volgograd, Russia. (Photo by Dan Mullan/Getty Images)

Anderson Ayala

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