ColumnasOpiniónQatar: cómo alcanzar la cima mundial con dinero

Irati Vidal1 semana ago3902 min

De proponerse despuntar en una disciplina deportiva hasta alcanzar el éxito mundial de la misma hay varios pasos a seguir. Y todos llevan años de trabajo en la sombra. Primero, se necesita una apuesta decidida, inversión en la base y encontrar a la generación perfecta para prepararla. Después, las horas de trabajo suelen dar sus resultados en forma de podio, medalla o reconocimiento por el juego desplegado. Sin embargo, el dinero lo cambia todo. Al menos en el deporte actual. Al menos en Qatar.

El país que va a albergar la próxima Copa del Mundo de fútbol hace unos años se propuso ser la capital mundial del balonmano. Y lo logró. No hicieron falta años de trabajo en la base. Ni siquiera tener una sociedad a la que le gustara el deporte. Unos cuantos cheques y movimientos burocráticos permitieron al estado catarí ser sede del Mundial 2015 y alcanzar la segunda plaza del campeonato. De la nada a asombrar al mundo, ese fue el camino de una selección que, años después, ya no es lo que era.

Porque Qatar fichó al mejor entrenador del momento, Valero Rivera, y le construyó un equipo a medida a base de nacionalizaciones. La política deportiva del país empezó a parecerse más a la de un club que a la de una selección y congregó a jugadores destacados de países sin opción al título, como el guardameta bosnio Daniel Saric, y a otros que, pese tener talento, no habían sido seleccionadores en sus países de origen. Así, la selección pasó a tener un 90% de jugadores extranjeros. O lo que es lo mismo, solo 3 jugadores nacidos en el país (Ameen Zakkar, Abdulla Al-Karbi y Abdulrazzq Muraz). Y alcanzó una plata mundialista.

Los que pertenecieron a ese combinado aseguran que el éxito no llegó del dinero, sino que detrás de todo aquello había horas y horas de trabajo. Pero lo que es cierto es que Qatar compró incluso la afición, pues sus conciudadanos no sabían qué era aquello de animar a los suyos en un pabellón. Y ya se sabe que los partidos, a veces, se empiezan a ganar en las gradas. Por eso, los jeques contrataron a un grupo de españoles, que no dudaron en enfundarse la elástica del país para enseñar la pasión de su deporte en oriente. Y Qatar aprendió. Durante unos años, el músculo financiero del estado comenzó a invertir en balonmano y lo convirtió en un referente, por cantera, éxitos nacionales e instalaciones.

Pero lo artificial, pese a deslumbrar, pronto volvió a su color original. Y ya poco queda de aquel Qatar de oro que despuntó en balonmano. La selección ha vuelto a conquistar los Juegos Asiáticos y sigue siendo una especie de All-Star. Pero la marcha de varias estrellas europeas ha rebajado sus perspectivas de éxito. El país no ha aprendido a vivir el balonmano y ahora, con el Mundial de Rusia finalizado, ya solo sueña con el oro futbolístico. Inversión no le faltará.

Irati Vidal

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