HistoriasLugaresVolver siendo un icono

Daniel Deuder1 semana ago5352 min

La vida en Oriente Medio no es sencilla. Al menos no lo es si tu pasaporte dice que no eres súbdito del país en el que resides. Ser inmigrante es complejo en cualquier parte, aunque, como en todas las cosas, hay lugares y lugares. Ser inmigrante en Arabia Saudí es saber que puedes trabajar, pero que nunca obtendrás el estatus de ciudadano. Es asumir que solo puedes sobrevivir y que nunca optarás a las ventajas que otorga la ciudadanía porque, salvo que seas alguien excepcional, nunca serás saudí.

Sin embargo y a pesar de todas las trabas hay personas que logran crecer y vivir lo que en otro lugar del mundo se llamó “el sueño americano”. Hace unos cuantos años un joven que crecía en la cantera de Al Hilal consiguió ser protagonista del sueño, aunque tuvo que ser en otro país vecino. Un adolescente de ascendencia yemení consiguió dar un giro de 180 grados a la vida de toda su familia. Los ojeadores de Al Ain, gigante club emiratí, detectaron un talento superlativo en un joven de Al Hilal. Y le convencieron a través de lo que más quería aquel joven: la nacionalidad emiratí para sus padres y hermanos. La familia que emigró a Arabia Saudí huyendo de la miseria en Yemen crecía a través del fútbol. El adolescente cambiaba las calles de Riad por la floreciente Ciudad Jardín de Al Ain. Deportivamente pasaba del verde al púrpura y lo hacía junto a dos de sus hermanos.

Hoy, doce años, cientos de goles y asistencias y un galardón de Jugador Asiático del Año después, Omar Abdulrahman regresa a Arabia Saudí. Poco queda de aquel adolescente que cambió Riad por Al Ain. Hoy, aquel hijo de inmigrantes regresa como un icono del fútbol árabe y con galones de estrella mundial. Los números de su cesión son mareantes. Al Hilal pagará cerca de 14 millones de euros a Al Ain y más de cuatro al jugador por el año que pasará en el club. Para él, además, supone un salto cualitativo importante. Deja atrás una liga inferior y llega a una que le exigirá más, tanto a nivel deportivo como de entorno. Un cambio que le debe hacer crecer, pero es un cambio menor al esperado. Queda en su debe el poder haber seguido marcando el camino probando en el lugar en el que todos los focos se centran. Europa y España en concreto han intentado contar con Omar Abdulrahman en su liga este mismo verano. Él, sin embargo, ha decidido que era el momento de volver a casa.

Al Ain queda huérfano de su mayor estrella. Su hermano Mohamed tendrá que tomar el cargo. Omar, por su parte, vuelve a Arabia Saudí para devolverle al club que le formó parte de lo que le dio. Vuelve maduro, en plenitud y, lo más importante, como el ejemplo de que con talento y suerte se puede lograr triunfar incluso en una sociedad tan cerrada y hermética con el extranjero como la saudí. Omar vuelve como inmigrante a Arabia Saudí, pero ahora como protagonista de una evolución y crecimiento que da esperanza e ilusión a miles de niños que, como él hace unos años, viven dando patadas a un balón en las calles de los suburbios de Riad.

Daniel Deuder

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