BreakerLugaresPragmatismo evolucionista

Anderson Ayala4 semanas ago5575 min

Francia levantó en Rusia su segunda Copa del Mundo, y debe servir para ilustrar la realidad de su fútbol local. Por un lado es innegable el rezago histórico a nivel continental del campeonato francés de primera división, visible al evaluar que solo dos equipos han triunfado: el Olympique de Marsella en la Champions de la temporada 1992-1993, y el París-Saint Germain en la Recopa de 1995-1996, torneo que hoy ni existe. Por otro lado, no obstante, ese rezago se ha ido acortando en los últimos 15 años, a partir de la llegada masiva de capitales extranjeros a los clubes europeos, pero sobre todo se ha visto minimizado en las últimas dos temporadas, con el pragmatismo que ha adoptado la Ligue 1.

La final de su Eurocopa en 2016 pareció significar un punto de quiebre. Dos aspectos fundamentales llevaron a Francia a ese partido cumbre: una buena camada de jóvenes, muchos provenientes del Mundial sub 20 de 2013 –en que salieron campeones-, y un entrenador que contó con el apoyo de la Federación Francesa de Fútbol para desarrollar un proceso. Vale destacar que esos mismos dos aspectos se mantuvieron en Rusia 2018. Las cosas hasta ahí, en el verano de aquél año, se estaban haciendo bien, aunque la derrota era símbolo de que faltaba aún algo por hacer, ese punto final para que el fútbol francés volviese al nivel de la élite europea.

Las circunstancias y la realidad del fútbol en Europa han ido mutando cada vez con mayor apremio en la última década, y el balompié galo no podía ser indiferente a esto. Es parte de un todo, de una comunidad, y por la misma globalización no puede aislarse de ella; ambas partes se hallan en una relación de simbiosis.

La migración de entrenadores, cuerpos técnicos y jugadores de un país a otro han venido siendo recurrentes en el continente. Ante esto, a Francia y a su Ligue 1 no les quedaba más que adaptarse. Frente al talento emergente de otros países, el dogmatismo de preferir únicamente a los entrenadores franceses comenzaba a titubear. La apertura era necesaria para experimentar nuevas ideas y conceptos sobre el fútbol, que tal vez en Francia no eran del todo explotados. El proceso ahora era de adaptar las condiciones para el recibimiento de los estrategas extranjeros.

En las temporadas sucesivas, esa apertura se fue haciendo evidente:

La temporada 2017-2018 presentó una particularidad, y es que los clubes que contaban con entrenadores foráneos eran precisamente los principales. Mónaco, Lille, Saint-Étienne, Nantes, Niza, París-Saint Germain y Montpellier iniciaron con estrategas no nacidos en Francia, y el Bordeaux también mostraría su orientación hacia la tendencia al acabar la campaña con un técnico externo. Nombres como Leonardo Jardim, Marcelo Bielsa, Óscar García, Claudio Ranieri, Lucien Favre, Unai Emery, Michel Der Zakarian y Gustavo Poyet –todos respectivamente- eran los exponentes de la invasión europeísta a Francia. A ellos se les sumaban nombres locales como Rudi García en Marsella y Bruno Genésio en Lyon, y el panorama estaba completo: la Ligue 1 había sumado una calidad técnica impresionante a los banquillos.

Ese proceso de apertura permitió al fútbol francés desplegar las alas, y con ello parece haber venido un ascenso. No hay que irse muy lejos para conseguir las pruebas de ello: aunque la Ligue 1 siga categorizada como un torneo inferior frente a las cuatro grandes ligas, ha metido tres representantes en las instancias definitivas de los torneos europeos de las últimas dos temporadas.

En la Liga de Campeones 2016-2017, fue el Mónaco de Jardim quien contra todo pronóstico logró llegar a las semifinales del torneo, a punta de un fútbol letalmente ofensivo y una defensa férrea. Esa misma temporada, pero por la Europa League, el Olympique de Lyon también logró colarse hasta las semifinales del torneo gracias a un inspirado Alexandre Lacazette. Aunque ambos clubes cayeron en esa instancia, el haber llegado a la par ya representaba un logro.

Esta última campaña, el Olympique de Marsella fue el exponente de la Ligue 1 que más lejos llegó en Europa, tras meterse a la final de la Europa League –que acabaría perdiendo ante el Atlético de Madrid-. Ello representó la primera final europea para un club francés desde las del Mónaco (Champions) y el propio Marsella (Copa UEFA), ambas en 2004.

Y para mayor muestra, ese ascenso se confirma rotundamente con la consagración francesa en territorio ruso este verano, cuando sumó su segunda estrella dorada al escudo de la FFF. De los 23 futbolistas seleccionados por Deschamps para representar a Francia en el torneo, 9 todavía se desempeñaban en la Ligue 1 cuando la lista fue anunciada antes de junio. No es arriesgado decir que el crecimiento de la liga surtió en buena medida a una selección que, a la postre, sería la campeona del mundo.

Dicho esto, resulta acertado afirmar que la incursión de entrenadores extranjeros en la Ligue 1 no solo ha mejorado el nivel técnico –al ser todos muy buenos-, sino que además ha aumentado la competitividad interna, haciendo que los galos autóctonos eleven la calidad de juego de sus equipos para así estar a la altura. Por ello, la globalización ha resultado en este caso muy beneficiosa para la liga francesa, abriéndole a nuevas corrientes de entrenamiento, estilo, juego y concepción del fútbol.

El pragmatismo que ha adoptado el fútbol francés, como se ve, parece estarle sumando mucho más de lo que podría restarle. La visión de apertura hacia un mercado de entrenadores –y jugadores- extranjeros no solo representa un viraje adecuado en la evolución misma de la liga, sino que constituye la posibilidad de medir y contrastar los métodos nativos con los foráneos. De esta manera, tras las relaciones, asociaciones y aprendizajes naturales que deja el mismo desenvolvimiento de los equipos en la liga, se tiene como resultado final un nivel de juego general con más competitividad, con más calidad, y con mayor poderío para enfrentar tenazmente a la cúpula del fútbol europeo. A la Ligue 1 no le quedó más que nadar a favor de la corriente y adoptar un pragmatismo evolucionista. El resultado ahora está a la vista de todos.

Anderson Ayala

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