HistoriasLugaresEl fútbol y la vida, Kanté

Irati Vidal1 mes ago5292 min

La magia del fútbol no reside en el balón. Ni si quiera en los intentos de esos magos vestidos de corto que intentan asombrarnos con sus gambetas, bicicletas o dribblings. La magia del fútbol podríamos decir que son todos aquellos goles y campeonatos que nos envuelven de locura y hacen olvidarnos de lo peor; nos sumergen en una realidad paralela en la que, por momentos, las luchas del día a día no tienen cabida. Pero aún y así estaríamos lejos del verdadero encanto de un deporte que mueve auténticas masas de hinchas por todo el mundo.

Lo que hace al fútbol especial es que se asemeja a la vida y, en muchos casos, se erige en su ejemplo a seguir. Nos muestra héroes, villanos y referentes. A los primeros, a veces, cuesta verlos, por aquello de que el márketing y las televisiones prefieren antes unos buenos abdominales. Pero están. Y deberían ser los estandartes de nuestra sociedad.

Porque hay jugadores que, como N’Golo Kanté, forjan sus carreras en silencio, alejados de los focos, y logran demostrarnos que no hay nada que el esfuerzo no pueda combatir. Que, como rezaba un anuncio de Estrella Damm: “Lo que hagan los otros da igual: el trabajo bien hecho no tiene fronteras ni tiene rival”.

El volante del Chelsea está a punto de disputar una final del Campeonato del Mundo. A punto de cumplir el sueño de todo niño. Y está ahí por su valía, pues ha demostrado ser uno de los mejores centrocampistas defensivos del planeta. Pero, sobre todo, por su constancia. Porque en 2013, hace tan solo cinco años, el futbolista francés jugaba en la categoría Nacional de su país, equivalente a una Tercera División, con el Boulogne, club situado en noroeste de Francia.

En 2014 todavía seguía lejos de poder entrar en la lista de convocados de Didier Deschamps para el Mundial, pues militaba en la Segunda División francesa. Pero él siguió creyendo y trabajando. Y en 2015 dio el saltó a la Ligue 1. Ya estaba en la élite, ya había asombrado a más de uno. Fue entonces cuando apareció el Leicester City (2016) y le llevó a la cima con una Premier League insólita. Con otro ejemplo de que en el fútbol, como en la vida, quien la sigue, la consigue. Visto con perspectiva, no había mejor club para Kanté con el que ganar el primer título como profesional.

A partir de ahí, el camino del futbolista francés estuvo bañado en oro. Volvió a conquistar el campeonato inglés la temporada siguiente (2017), esta vez con el Chelsea, y se convirtió en el mejor jugador de la Premier. Ya tenía todas las papeletas para estar entre los 23 elegidos por Deschamps para la Copa del Mundo de Rusia. Y así fue. Fue llamado por el seleccionador y a día de hoy no hay quien le quite del once inicial. Con él en el terreno de juego, Les Bleus han llegado a la final del Campeonato del Mundo. Y sus rivales lo tienen claro. “Si Kanté juega bien, Francia juega bien”, resume el seleccionador croata Zlatko Dalic.

Irati Vidal

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