HistoriasLugaresBoys don’t cry

Juan Pablo Gatti1 mes ago6932 min

Allí estaba él, intentando discernir la situación en la que se encontraba. Su mirada estaba perdida en el horizonte de sus pensamientos, seguramente enzarzado en una lucha interior entre un yo que le cuestionaba todo y lo hacía sentir una basura (el vivir en un mundo exitista nos genera esto a todos) y otro que lo mimaba y le mostraba todo lo bueno que había hecho durante el mes.

El 10 croata saludaba a cada jefe de gobierno, aunque para esas alturas no le importaba lo que le expresaban, aún si le decían palabras de aliento y cariño. Sí, estaba en ese podio con el que había soñado tanto, pero se encontraba solo, sin sus compañeros. Solo él y burocráticos que no entienden mucho de fútbol. Era una situación incómoda, de la que quería huir rápidamente. Porque sí, él se había visto muchas veces levantando esa anhelada copa color dorado que tanto hipnotiza al mundo durante cuatro años.

Luka Modric recibió el Balón de Oro de manos de Vladímir Putin, sin dudas el hombre que ha sabido aprovechar este torneo en su casa para volver a lanzarse al mundo como un hombre poderoso (¿alguna vez lo había dejado de ser?). El nacido en Zadar tomó el trofeo bajo la mirada atenta de Gianni Infantino y Emmanuel Macron pero era algo que no le interesaba en lo más mínimo. ¿De qué le servía subirse a un podio si solo se lo valoraba a él y no al resto de su equipo?

El mediocampista del Real Madrid quería dejarlo todo y largarse a llorar, sin importarle que lo estuviera viendo la mitad (o más) del globo. Pero de repente llegó hasta donde estaba ella y pudo obtener, por fin, un poco de consuelo. Kolinda Grabar-Kitarovic, esa blonda presidenta de la que tanto se habló durante el Mundial, lo miró con amor, lo abrazó con fuerza y lo consoló como una madre a un hijo que acababa de reprobar por poco un examen importante.

El dolor no se iría -quizás nunca se vaya, salvo que logre algún día ganar el torneo-, pero por lo menos Modric pudo guardarse sus lágrimas para el vestuario y así lograr posar ante las cámaras con una actitud diferente: ya era un premio haber estado jugando en el último día de la Copa Mundial de la FIFA. Croacia, sin dudas, había ganado.

Juan Pablo Gatti

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