ColumnasOpiniónCroacia: guerra, nación y proyecto

De niños de la guerra a jugadores reconocidos en todo el mundo por su juego. Croacia volvió a unas semifinales mundialistas, aunque esto no es una casualidad: hay todo un proceso detrás.

Croacia ha vivido de fiesta en fiesta durante el último mes y hasta su presidenta, Kolinda Grabar-Kitarovic -siempre foco de atención- disfruta de las mejores vacaciones de su vida en Rusia. Y es que los Vatreni de Zlatko Dalic se han clasificado por segunda vez en su corta historia a las semifinales de una Copa del Mundo. Lo increíble es que lo hayan logrado luego de caer en primera ronda en cada torneo luego de la hazaña de 1998, en donde el conjunto comandado por el eterno Davor Suker pudo ofrecerle una gran alegría a un país que recién empezaba a dar sus primeros pasos tras la Guerra de los Balcanes, esa que dejó su marca en este grupo de jugadores.

Los jugadores de aquella generación dorada (que también fue cuartofinalista en la Euro 1996, su primer torneo oficial) habían sido parte integral de la vieja Yugoslavia, ganando el Mundial Sub 20 de 1987 (Suker, Prosinecki, Boban…) o disputando el último Mundial de la nación en Italia 1990. A ellos no les contaron los horrores de la guerra: la vivieron en plenitud, teniendo que dejar su hogar y sus recuerdos para salvar su integridad. Huyeron del país sin saber que les pasaría lo mismo que al personaje de Tom Hanks en la película “la terminal”: de un día para el otro dejarían de pertenecer a una nación reconocida por el mundo. Fueron tiempos duros, de mucha incertidumbre, aunque lograron superar todos los escollos gracias a ese balón del que fueron tan amigos. Croacia, gracias a ellos, se terminaría por convertir en la sucesora espiritual de la ex nación del Mariscal Tito. Sí, Serbia es la que se ha quedado con todas las estadísticas y trofeos, pero los croatas, en los años sucesivos, siguieron siendo reconocidos como ese equipo de toque, gambeta y alegría que tanto se admiraba de la patria perecida.

Los jugadores que han arribado a la semifinal tampoco la han tenido fácil. Sí, eran niños cuando el conflicto explotó. Y sí, muchos de estos jugadores nacieron también con una bandera en común. Pero no pudieron ser parte de ningún equipo mítico e integrado. Cómo muestra la web de El Orden Mundial, muchos han tenido que huir junto a sus padres sin saber bien que pasaba (aunque jamás olvidarán el sonido de las bombas caer). Incluso algunos, como Mateo Kovacić, nacieron en otros países fruto de esta emigración masiva. Pero a todos los ha unido algo mucho más fuerte: representar a la que terminaría siendo su verdadera patria. Yugoslavia ya no existe más, pero Croacia esta arraigada en el corazón de cada uno de los jugadores.

¿Se llega a una instancia tan trascendental solo por ese amor por la patria? Definitivamente no. Luego de años de amagar con volver a hacer historia y terminar en la nada, la federación comandada por Davor Šuker ha dado grandes pasos en pos de recuperar ese nivel mostrado a finales de siglo.

Muchos de estos jóvenes han sido conducidos en las categorías menores por Romeo Jozak, quien anteriormente había tenido a cargo la academia del Dinamo de Zagreb (de donde salieron, por ejemplo, Luka Modrić, Eduardo da Silva, Vedran Corluka, Niko Kranjcar o Dejan Lovren). Sabedor del talento innato de los futbolistas croatas, Jozak se dedicó a generar un plan para explotar al máximo esa genética, a través de la educación, tanto de los jugadores como, sobre todo, de los entrenadores, generando un caso similar al de Islandia: mientras mayor sea el conocimiento que estos tengan, va a ser más factible que los jugadores crezcan teniendo mayores recursos técnicos, tácticos y físicos. A esto le ha sumado la paciencia de la misma federación para trabajar, lo cual ha sido todo un acierto.

“Esto tendrá su efecto en el futuro, pero sí, pienso que no es necesario jugar con el mismo sistema -4-3-1-2 o el que sea- pero si tener la misma filosofía en los movimientos, el pase, las aperturas. La técnica es importante, pero solo si está aplicada a un fin. Si tengo un jugador que es bueno haciendo malabares con el balón, pero no puede aplicar esa técnica a solventar problemas en el juego, no sirve. Es por eso por lo que digo que la selección de entrenadores es más importante que la elección de los jugadores, porque los buenos entrenadores elegirán buenos jugadores.” le diría Jozak al sitio Soccer Wire.

Este proceso lento pero continuado (aún sin Jozak en el cargo de las juveniles) hizo que Croacia volviera a creer. El juego ha sido sustentado por ideas desde las bases y hoy los frutos son visibles. Los “niños de la guerra” han logrado emular a sus héroes de la infancia -la vanagloriada generación fundacional de los 90- y ahora quieren superarlos. Y tienen con que.

Juan Pablo Gatti

Católico, periodista apasionado, intento de podcastero y amante de esas historias que no se suelen ver. Veo al deporte como algo que va más allá del juego en si mismo.

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