ColumnasParadigmaCrecer en el sendero

Griezmann descifró a la difícil defensa charrúa y aprovechó cada mínima ventaja. En algún punto, los uruguayos no se reconocían y eso, era culpa de Antoine.
Gabriel Hidalgo3 meses ago7842 min

Francia está en las semifinales del mundial. Doce años después de la final en Berlín, volverán a jugar siete partidos en una Copa del Mundo. Deschamps encontró explotar lo mejor de cada uno de sus jugadores en una fase final en la que tuvieron como rivales a dos bicampeones mundiales. Lo más meritorio es la forma: Francia demuestra un notable crecimiento en su juego.

Ante Uruguay, en Nizhni Nóvgorod, quedó disipada cualquier duda: N’Golo Kanté y Paul Pogba conforman el mejor doble pivote del mundo. Anularon los pocos ataques uruguayos en medio de un dinámica que exalta la figura del primero. El recital de Kanté cortando todo lo que llegaba es de súper jugador. Esa figura que no ha parado de construir en los últimos tres años. Pero la victoria de Francia tiene a un líder por encima del resto. La tarde de Antoine Griezmann respalda la idea de que, con él en su mejor estado, pueden soñarlo todo.

Frente a Argentina vimos, indudablemente, una de las mejores versiones defensivas de Antoine. Aplicó a cabalidad el plan de Deschamps, que deja algunas pistas en esta selección, de lo que era él como jugador. Ante Uruguay expuso con más precisión otras virtudes. Griezmann descifró a la difícil defensa charrúa y aprovechó cada mínima ventaja. En algún punto, los uruguayos no se reconocían y eso, era culpa de Antoine. Controló el frente de ataque mientras Olivier Giroud hacía lo que mejor sabe hacer: arrastrar marcas. El segundo gol de Francia llegó en una de esas jugadas que nos recuerdan, en pleno éxtasis, que somos mucho más parecidos de lo que a veces creemos.

Didier Deschamps dirá, con cierto entusiasmo, que encontró un funcionamiento que permite soñar de nuevo. Francia vivió de eso durante todo el siglo pasado y encontró, en aquellos años de transición, una generación que tocó el cielo. Desde entonces, La Marsellesa se escucha con muchísimo respeto. La sociedad menos compenetrada de Europa Occidental guarda como grandes ilustres a los campeones del 98. Dos décadas después no hubo otro equipo igual. Los campeones -sub 20- de 2013 devuelven una esperanza que desde hace años no sentían. La Eurocopa se encargó de marcar cicatrices inmensas, pero el francés se guarda las heridas del pasado. En eso tienen mucha más historia que otros. El grupo simboliza una lucha por la superación social. Antoine es un señalado para comandarlos y ha demostrado, que puede vivir con ello.

Gabriel Hidalgo

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