LionLion (Segunda Temporada)SeriesLion: Maceió, la capital del crack

Gabriel Hidalgo3 meses ago7254 min

La nación más grande de Sudamérica es muy diferente al resto de países de ese continente. Brasil se rige por otro idioma y otras costumbres. Exhibe un proceso histórico con decenas de revoluciones y golpes de estado. Se enorgullece de contar con un sistema tan estructurado que no ha permitido posibles dictaduras desde hace más de tres décadas. Una idiosincrasia distinta rodeada de latinoamericanos.

De reino a imperio. De imperio a república. La historia exalta como casi de manera fortuita dejaron de ser dependientes de Portugal. Como la corrupción y las Fuerzas Armadas comandaron los inicios del siglo pasado. Como se adentraron en un mar de dudas que solo reflejaba una cosa: no sabían cual era el camino.

“El milagro brasileño” existió. Se le recuerda como un auge -inexplicable- de la economía. A la distancia se percibió un pueblo adaptado a sus más valiosas costumbres. Una idea regional que veía como construían monumentos jamás imaginados. Atención a como el turismo se desarrollaba a base de sus playas y ambientes cálidos. Brasil vivió fuertes dictaduras, pero jamás dejó de crecer. No es negativo, tampoco positivo. Avanzó con el ejemplo de algunas potencias, pero solo en aspectos esenciales. Abandonó, en el camino, el pensamiento de todo un pueblo. Punto de partida para las mayores deficiencias sociales.

Maceió es la capital del empobrecido estado de Alagoas, entre el océano Atlántico y la laguna Mundaú. Un mar turquesa que existe a siete metros sobre el nivel del mar. Su millón de habitantes no la hace, ni por poco, una gran metrópoli de la nación. Cuenta con hoteles de lujo y atracciones que sirven para generar el principal ingreso de la ciudad: el turismo. En ese orden, no se escapa de tener uno de los índices de criminalidad más altos del país. Para 2017 estaba ubicada en el puesto catorce entre las ciudades más peligrosas del mundo. Maceió es la capital del crack, donde los que matan y mueren son en su mayoría, jóvenes pobres, invisibles para los turistas.

“En siete años perdí cinco hijos. Los mataron sus propios amigos. Compraron droga, no pagaron las deudas y murieron. El más joven tenía 18 años y el más viejo 23” – Severino López, un vendedor de dulces de 59 años de edad en declaraciones para laprensa.com 

De 360 homicidios por año en 2000, se pasó a 1.025 en 2010. Hablamos de una ciudad con más de una docena de favelas populosas. El 50% de la población sobrevive por debajo de la línea de pobreza y hasta un 25% es analfabeta. Maceió refleja, con muchos otros números de respaldo, ser una consecuencia del ineficiente sistema centralista que lleva décadas establecido en el país. Habrán personas que jamás salgan de sus localidades porque, queramos o no, simbolizan el residuo de nuestro sistema más efectivo: el capitalismo. Somos partidarios de ello, hasta cierto punto, pero no podemos dejar de percibir todos los daños que atañe. No queremos ser dioses, ni influenciar en otros destinos.

En Maceió nació Roberto Firmino. Uno de los atacantes más determinantes de toda Europa que, con su selección, espera ser protagonista del sexto título mundial. Creció al igual que muchos otros en medio de una pobreza que ni siquiera puede reducirse a un dato estadístico: la forma de explicarla suele estar mal planteada. Pero es volver al punto del párrafo anterior. En todo caso, la historia de Firmino deriva en un acto de admiración: sobrellevó los males del contexto en donde creció y hoy, tras muchos años de experiencia -en una élite que desplaza a los que incluso, no exponen todo su esfuerzo- construye un destino distinto. Vencer al sistema no es fácil y honestamente, pocos lo logran, pero el mérito de aquello puede, incluso, generar diferentes grados de superación.

Como Maceió podemos encontrar, decenas de ciudades envueltas en extrema delincuencia. Las más grandes no escapan de ello. La extensión del territorio brasileño empeora las cosas e, inevitablemente, pensamos en una amplia mayoría con escasos recursos. El sistema no va a cambiar, sobre todo por la forma en como lo entiende el resto del mundo. También porque los políticos, aquellos encargados del cambio, encaminan otra dirección. Y esos fallos sistemáticos no paran de profundizarse. Por eso aplaudiremos a cada sucesor de Roberto Firmino. Incluso a aquellos que encontraron otro método para lograrlo. El crack, las muertes y la delincuencia seguirán dominando al estado de Alagoas. El turismo seguirá existiendo en Maceió, otra ciudad que contrasta virtudes naturales y defectos sociales. Pero es solo otra consecuencia. Los culpables, queramos o no, están en otro lugar.

Gabriel Hidalgo

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