ColumnasParadigmaLa cultura del creador

El cuarto lugar, aquel año, significó mucho más de lo que parece. Una pausa en el tiempo en la historia de una nación que solo goza de un momento de gloria absoluta.
Gabriel Hidalgo2 meses ago6884 min

Los años 90 fueron buenos, pero no mejor que la década anterior. En todo caso, engloba una transición de todo lo que el siglo pasado significó. La historia no nos dejó entrar al nuevo milenio con los problemas del pasado. La caída de la Unión Soviética, el ascenso de Nelson Mandela y la unificación de Alemania dejaron una huella. La muerte de la Princesa de Gales, Ayrton Senna y Freddy Mercury también resaltaron. Una década especial que recordamos con mucha nostalgia.

El fútbol de aquellos años fue un fiel reflejo de lo que el mundo transmitía: ganas de modernizarse. La Copa del Mundo que organizó Italia entra, por supuesto, entre las mejores ediciones de toda la historia. El auge de una cultura italiana respaldada por sus pares europeas, gritando libertad. Al otro lado del Océano Atlántico se vivía por partes y quizás por eso, los americanos no figuramos entre avances colectivos.

En Inglaterra significó mucho. La llegada de la Premier League era el sello de modernidad en respuesta a las heridas que los hooligans dejaron en el pasado. La selección abrió la década con su, hasta ahora, mejor participación en los mundiales desde que Bobby Moore levantó el trofeo de Jules Rimet. La Copa del Mundo en Italia fue la cumbre para jugadores destinados a permanecer en el lado oscuro de la historia: Gary Lineker presenció “la mano De Dios” cuatro años antes. Él estuvo en la cancha aquel día en que se vio, para las autoridades, el mejor gol del siglo XX.

Los fracasos europeos de 1984 -no clasificaron a la EURO de Francia- y 1988 -perdieron los tres partidos en la fase de grupos de la edición organizada por Suecia- adornaron la historia previa a la copa de 1990. Sir Bobby Robson lideró a la selección en unos años que confirmaban su salida del primer orden. El cuarto lugar, aquel año, significó mucho más de lo que parece. Una pausa del tiempo en la historia de una nación que solo goza de un momento de gloria absoluta.

La trascendencia de su liga a principios de milenio no acordó la sincronización que su combinado reclamaba: David Beckham simbolizó el intento, casi de manera irrefutable, de acercarse a los nombres sagrados. 2002 y 2006 significaron instalarse en una fase que presume estar al borde la grandeza. Justo la misma fase que en Rusia, tres mundiales después, alcanzaron titubeantes. Gary Lineker se convirtió en un icono sin precedentes: juntaba aquella idiosincrasia británica con una figura que llegó a su último mundial tras varios años deleitando en el Fútbol Club Barcelona. Un inglés se hartaba de anotar goles en el Camp Nou. Era una época distinta, claro. La Premier League lo cambió todo, aunque ya era muy tarde para Gary.

Viajamos en la misma dirección: Lineker fue la cara visible de una generación que estuvo muy cerca de consagrarse campeones del mundo. Los penales en las semifinales frente a Alemania significaron el punto final y la ruptura de una idea que se perdió tras la salida de Robson y la renuncia del propio Gary. El costo fue enorme: no clasificaron a la siguiente edición que organizó Estados Unidos. En la campaña actual, el líder está rodeado por una generación que es producto de la modernidad de su fútbol. Los clubes encontraron, en el último lustro, su propia manera de competir. Se globalizaron, pero en un sistema tan extenso como ese, la presencia del habitante natural es necesario.

Harry Kane fue elegido para liderar una generación que con pocos años de experiencia, no carga prejuicios que liquidaron a combinados anteriores. 1990 fue una pausa en el tiempo que terminó, más temprano que tarde, en el colapso de un sistema de antaño. Aquel por el que se les reconoció por muchos años. Que Gareth Southgate comande la expedición no es más que una declaración de intenciones. Los ingleses creen mucho en la historia y basan sus costumbres entre las tradiciones más respetadas. Con el ex jugador que falló el sexto penal en aquella semifinal ante los germanos, como entrenador, se muestran atrevidos. Su liga está muy por encima de casi todas las competiciones del mundo. Ese simple hecho, que todo el equipo salga de dicho sistema, les permite soñar. Quizás la copa más importante del mundo regrese al lugar donde se escribieron las primeras leyes de este deporte. Quizás sea otro golpe de un idealismo que viene forjándose desde los años 90. Inglaterra muestra signos vitales en su aventura rusa. Eso, para la cultura del creador, lo significa todo.

Gabriel Hidalgo

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