ColumnasOpiniónEl fruto de las causalidades

La paridad en Rusia es innegable, pero no es un hecho casual: detrás de casi todas las selecciones hay un enorme (y muchas veces silencioso) trabajo.
Juan Pablo Gatti2 meses ago8234 min

Esta Copa Mundial de la FIFA está siendo muy especial por varias razones: partidos de mucho nivel técnico y táctico, gran uso de las estrategias -sobre todo en la pelota parada-, el uso del video arbitraje y, sobre todo, la demostración cabal de que el fútbol ha dejado de ser algo exclusivo de las grandes potencias para pasar a ser, por fin, un deporte global y competitivo. Pero esto no es fruto de una sumatoria de casualidades que se han revelado juntas en un solo certamen: detrás de cada triunfo hay un trabajo serio, continuado y gratificante, tanto de naciones poderosas como de otras que hasta hace unos años no figuraban entre las selecciones top.

Los ejemplos más conocidos a nivel selección de esto son, sin dudas, los de Alemania y España, quienes vieron a inicios de este siglo como su sistema caducaba -los teutones quedaron afuera en la primera ronda de la Euro 2004, los españoles caerían en octavos del Mundial 2006-, por lo que decidieron apostar por un método que se adaptase a las capacidades innatas de sus futbolistas, aunque en este caso hay que decir que se fueron dando de distinta manera.

Los alemanes tuvieron plena conciencia de que su sistema ya estaba agotado y planificaron todo pensando en hacer una buena Copa del Mundo como local, aunque apostando más de 2008 en adelante, decidiendo que era el tiempo de reconvertir todo el sistema desde las juveniles, generando escuelas provinciales de alto rendimiento para que los futbolistas madurasen y llegasen a la mayor con una idea fija. En España, en cambio, el equipo derrotado en el 2006 fue el que le dio la idea a Luis Aragonés de dejar de lado “la furia” para entrar en otro ritmo, el de la paciencia del toque aunado a la velocidad de piernas (y de la cabeza, sobre todo). El éxito en la Euro 2008 ayudó para que este pensamiento fuera adoptado también en las bases, algo que se mantiene en la actualidad. En ambos casos, los relevos se producen naturalmente, sabiendo que quien llegue a la mayor ya habrá pasado primero por un proceso en donde debería depurar su técnica para adaptarse a las necesidades del sistema.

Pero hay otros ejemplos de que la continuidad en el tiempo genera en el mediano y largo plazo resultados más que positivos. Por ejemplo, los jugadores de esta generación belga se conocen desde pequeños, ya que también desde inicios de la década pasada comenzaron un proceso profundo en la selección, abriendo las puertas también a los hijos de inmigrantes y sin distinguir entre flamencos y valones. En el mismo continente podríamos sumar a Islandia, uno de los países más pequeños del fútbol mundial y que fue creciendo a pasos agigantados por generar un crecimiento desde las bases: creación de campos techados (para jugar en el crudo invierno), hacer que los entrenadores tengan un alto nivel educativo y, entre otras cuestiones, hacer que los jugadores puedan emigrar para jugar en ligas más competitivas. Pero, hilando más fino, también hay otras selecciones de la UEFA que mantienen una idea de juego, más allá de que cambien los nombres de entrenadores o jugadores: Francia, Croacia, Portugal y Suiza. Cada una reconocible por su estilo, pero a su vez desde la forma en la que generan los benditos recambios, ya que estos llegan sabiendo cómo se juega en el más alto nivel, por lo que es más sencillo provocar ese “cambio de cromos”.

Otro de los paradigmas del cambio en este nivel es Uruguay, que durante años dejó de aparecer asiduamente en los mundiales (y mucho menos aspiraba a ganarlos) y que con la llegada del Maestro Tabárez han generado una identidad que les ha permitido recuperar esa competitividad de antaño. Pero esto se ha logrado gracias a tener un sistema de juego adaptado a las capacidades de sus jugadores -y que permitió, por ejemplo, que el recambio entre la generación de Recoba y Abreu a esta no fuera tan sentida sino natural-, recuperar las inferiores, llenarse paciencia para soportar resultados inesperados y generar que cada una de las partes se sintiera capaz de fortalecer al resto. Pero también se ha visto que Colombia -con Pekerman- logró cosas similares en estos últimos años, lo que les permitió no solo volver a los Mundiales en el 2014, sino afianzar esa idea de fútbol vistoso y alegre (recuperando ese momento de esplendor de principios de la década del 90´), lo que hizo que hoy sean considerados como uno de los mejores conjuntos del torneo.

Proyectos hay en todo el mundo y es gratificante reconocerlos, ya que es desde la causalidad (y no desde la casualidad) cuando un equipo en teoría pequeño se alza ante una potencia. Perú, Irán, Marruecos, Senegal, Nigeria e incluso otros que no participan en esta justa como Nueva Zelanda –que cuenta con un plan integral que les permita no solo hacer crecer a las selecciones masculinas, sino también a la femenina y al futsal– han manifestado que se puede igualar hacia arriba.

Después se podrá hablar de si gustan más o menos sus sistemas de juego –es indudable que no se les podía pedir a los iraníes que salgan a atacar desde el principio a España o Portugal–, lo cual ya pasa por un plano más subjetivo. Pero si Rusia 2018 nos deja un legado será el reconocer que es el trabajo a medio y largo generará inevitablemente el éxito. Y no hace falta que seas una potencia para poder llevarlo a cabo.

Juan Pablo Gatti

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Related Posts

http://thelinebreaker.co/wp-content/uploads/2018/07/TRANSPARENTE-150x150-1.png

The Line Breaker © 2017-2018 Copyright. All Rights Reserved.

Creative Commons License