CameoSeriesLuchar contra los muertos

Se recomienda ver Piratas del Caribe (2003) antes de leer el artículo.
Juan Camilo Ortiz Villa4 meses ago4882 min

A diferencia de lo que se ha narrado en múltiples historias imaginadas, los muertos no se alzaron de noche. Eran las 17:00 y aún no se ponía el sol. Para los habitantes de otro meridiano, aquel por el cual se ha dividido el planeta, la ciudad de Volgogrado comenzaba a cobrar un interés casi fantástico. Quienes no han anochecido en los polos del mundo podían sorprenderse cuando en ningún momento del partido el sol había iniciado a ocultarse. Así, las pantallas que mostraban el choque mundialista se transformaban en portales mágicos a una tierra de cuento.

Bañadas en la luz del cielo, arribaron las dos embarcaciones para enfrentarse: Japón, con la vida de sus cuatro puntos, a un paso de los octavos de final; Polonia, muerta en cero unidades, sin oportunidad de clasificarse. Desde tierras ajenas llegaban rumores de otras contiendas que para bien o para mal afectarían la situación. Pero, por el momento, los japoneses dependían de ellos mismos y debían derrotar a ese ejército maldito.

El problema era que, como buenos difuntos, a los polacos ya no atemorizaba la muerte. Cuando se pierde ese miedo, el rival se vuelve más imprevisible, menos controlable. Tal condición genera un temor que se enfatiza cuando, no teniendo qué perder, hay algo por ganar.

En la película Piratas del Caribe (2003) se nos presenta una tripulación similar a la de Adam Nawałka. Un grupo de piratas, castigados por una maldición que más que inmortales los hacía ‘invivientes’, toman captivo a Will Tuner, un inocente herrero, para romper su flagelo. Por su parte, los navegantes polacos se batían con Japón que, no siendo responsable de su pena, era la revancha de la eliminación.

El partido inició bajo el incesante sol de la ciudad rusa y los piratas europeos fueron a por el barco asiático. Pero a medida que los difuntos embestían la portería, los japoneses entendieron como usar ese objeto de deseo en contra de ellos. ¿Quieren ganar? Pues dejemos que suban sus líneas y se descuiden, supusieron. Había que darle vida al muerto para matarlo definitivamente, como en el filme de Gore Verbinski.

A diferencia de la estrategia del largometraje, la movida de los japoneses no dio frutos. Dieron demasiado espacio de acción a los piratas y cuando llegó la hora de culminarlos, no tenían en cancha a Takashi Inui, el tiro de gracia de Jack Sparrow al corazón de los malditos. En cambio, el Capitán Barbossa disparó primero y dejó moribunda a la escuadra entrenada por Akira Nishino.

Para fortuna de los asiáticos, las batallas en tierras ajenas les fueron favorables. El naufragio del barco senegalés fue arrastrado por la corriente para que la embarcación japonesa se reparara con sus partes. Con respecto a los polacos, ahora que ha llegado la noche, volvieron a esfumarse. Pero por su deseo de gloria, tal vez en muchos años, los muertos vuelvan a alzarse.

Juan Camilo Ortiz Villa

Redactor, aficionado al cine, amante del fútbol. Humano con la tendencia a corregirse y el privilegio de equivocarse.

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