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El campeón del mundo volvió a quedar expuesto, esta vez frente a un puñado de asiáticos como villanos que, decidieron entrar en ese grupo que a estas alturas ya luce bastante amplio.
Gabriel Hidalgo4 meses ago4262 min

La Copa del Mundo es el evento deportivo más importante del planeta. Millones de personas viven un espectáculo que la propia globalización se encarga de consolidar cada cuatro años. Rusia 2018 está siendo, para muchas personas, el mejor mundial de los últimos tiempos. Los avances tecnológicos y la organización de un evento que cuenta con millardos de dólares de inversión, no suelen ser un atributo fundamental para dicha aseveración. La razón es netamente futbolística: el desenlace de los partidos es cada vez mejor.

Alemania es una de las superpotencias de este deporte. Con cuatro estrellas en su escudo, la historia se ha encargado de exaltar la posición del fútbol teutón. Cuando los alemanes toman la palabra, el mundo entero escucha. Un respeto que se ganaron por los éxitos del siglo pasado y por la permanente presencia en las instancias finales durante este milenio: desde 1938 (el tercer mundial de la historia) los alemanes fundamentaron esta teoría quedando siempre, al menos, entre las mejores ocho selecciones de cada edición.

La Copa del Mundo disputada en Brasil fue, la cumbre de un proyecto que vienen trabajando desde hace 12 años: Joachim Löw ha sido la cara visible de una idea que se arraiga a los propios mecanismos existenciales del ciudadano alemán. La consolidación de una base que aplicó, mucho antes que los demás, una forma para llegar al éxito. Después está lo que plasmaron en cada momento durante los sietes partidos: Alemania se consagró campeona del mundo con un juego brillante. Aquellos resultados que sonarán por el resto de nuestros tiempos, lo reflejan. El Maracaná vio como un puñado de europeos, de sangre azul, escribían su propia historia.

En Rusia fue distinto. Las primera acusaciones apuntan a una falta de recambio generacional, olvidando la presencia de Nicklas Süle, Timo Werner, Julian Draxler, Leon Goretzka, Julian Brandt, entre otros. Por supuesto que la base sigue siendo de algunos campeones: Toni, Mesut y Sami aún extrañan las directrices de Bastian, que vio al otro lado del mundo el fracaso de sus sucesores. Pero hay cosas que no se mencionan en demasía sobre este combinado: la falta de transición vertiginosa, la poca claridad en su juego de posesión y su incapacidad para romper defensas rivales sin quedar expuestos tras perder el balón.

Los problemas de Alemania tendrán muchas vertientes y, para una federación tan ganadora, urgirán reacciones rápidas. El campeón del mundo volvió a quedar expuesto, esta vez frente a un puñado de asiáticos como villanos que, decidieron entrar en ese grupo que a estas alturas ya luce bastante amplio. Corea del Sur demostró, al igual que lo hicieron otras selecciones no pertenecientes al orden, que el desenlace puede ser diferente, puede ser regido por aquellos que el mundo menos espera. Y solo por ofrecernos algo distinto, consideramos casi de manera instintiva, un final mejor. Así se marchó el vigente campeón: entre nuevos momentos, igual de efímeros, guardados en nuestra memoria.

Gabriel Hidalgo

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