LionLion (Segunda Temporada)SeriesLion: Kosovo, socialismo e independencia

Gabriel Hidalgo4 meses ago8705 min

Rumelia siempre fue difícil de gobernar. La caída del imperio otomano generó una lucha de poder en la región balcánica para el siglo XVIII: una nueva distribución de tierras entre aquellos que dominaban los nuevos tiempos. Aquellas personas que abrieron, casi de manera involuntaria, la ventana de la modernidad. Pero lo que vivieron los balcanes tres siglos después sería aún peor: la formación, el crecimiento, el declive y la caída de la República Socialista de Yugoslavia.

El socialismo se imponía como fundamento esencial para las repúblicas del Este. La península balcánica sucumbía ante la autoridad de Josip Broz Tito, el mariscal que durante 27 años (1953-1980) lideró a los yugoslavos. La Guerra Fría estuvo muy presente en la región. Llegaron a salir de la Oficina de Información Comunista producto de la ruptura ideológica entre Tito y Iósif Stalin: Yugoslavia buscada unificarse con la Macedonia Griega y con Bulgaria, formando una extensa “Eslavia del Sur” fuera del control soviético. Y así, desligándose de la potencia socialista más grande del planeta junto a la repentina muerte de su líder, comenzó el declive del proyecto que unía a los balcanes.

Los años siguientes fueron muy confusos. El ascenso de los partidos nacionalistas permitió la independencia de Eslovenia y Croacia, seguidas de Macedonia y Bosnia-Herzegovina. La última década del siglo pasado abarcó las famosas “guerras yugoslavas”, donde salieron afectadas las 6 naciones: la península entraba en una era de desolación. 20 años después, los devastadores efectos de los conflictos bélicos abundan en el paisaje y con ello, generaciones de balcanes perdidos, sin futuro alguno.

En este contexto, podemos explicar la realidad de Kosovo. Un estado de reconocimiento limitado que declaró su independencia en 2008: menos de 2 millones de habitantes para el país que limita con Montenegro, Albania, Macedonia y Serbia. Este último, cuna del proyecto yugoslavo y principal señalado cuando sobre heridas de guerra, hablamos, no reconoce la autonomía de Kosovo: para el serbio sigue siendo una provincia. Los bombardeos de la OTAN en 1999 afectaron el territorio kosovar, una zona disputada entre el Ejercito de Liberación de Kosovo (UÇK), apoyado precisamente por la comunidad internacional, y el ejercito yugoslavo que veía como tras muchos años de violaciones a los derechos humanos, era superado y devastado.

En todo caso, la guerra no terminó bien. La sociedad kosovar sufre las consecuencias de aquellos conflictos que produjeron poco más de un lustro después, la intervención de una Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas. El desempleo es uno de los más altos de Europa (entre el 30 y el 35%), la tasa de criminalidad también y el contrabando domina casi en su totalidad, el mercado de gasolina, cigarrillos y cemento. Hablamos de una nación que vio como su Banco Central fue intervenido por la comunidad internacional tras acusaciones de corrupción, evasión fiscal y blanqueo de dinero. Kosovo es, para varias naciones del mundo, un narco-estado.

Un reportaje del canal ruso RT abordó una de las problemáticas más grandes de Kosovo: el éxodo. La falta de ingresos y la imposibilidad en gran parte de los campos kosovares de producirlo ha generado una migración que la Unión Europea, visualiza con mucha preocupación. Desde 2013 los kosovares pueden circular libremente por Serbia, la cual limita con Hungría: la entrada a Europa Occidental. Así entendemos la emigración masiva de un pueblo que festejó el triunfo de la independencia, pero que cuando la resaca abandonaba el cuerpo y un nuevo horizonte se perfilaba frente a sus ojos, no encontró un plan que erradicara todas las penurias. Diez años después se encuentra en un limbo: Kosovo no cuenta con grandes recursos minerales y el ganado es ciertamente, limitado. La producción no abarca a toda la población y, a pesar de algunos esfuerzos internacionales para mejorar la economía, el kosovar promedio pasa hambre.

No encontrar un motivo para creer que una nación es más de lo que algún día fue, pasa a menudo. Aunque en muchos casos, se utiliza para tildar irresponsablemente. No podemos obviar una de las principales razones por la cual el ciudadano, en un país con tintes democráticos, se rebela ante el mundo: el recuerdo de un pasado que luce mucho mejor. Entre tanto, encontramos historias como la de Granit Xhaka y Sherdan Shaqiri. El padre del primero fue un preso político de la antigua Yugoslavia y tras tres años y medio encarcelado, se exilió en Suiza, donde nacieron Granit y Taulant. El segundo nació en la ciudad kosovar Gnjilane, semanas antes de que explotará el conflicto bélico de 1991. Sus celebraciones en la victoria ante Serbia, nación que cambió la vida de sus familias, generaron polémica estéril. Enmarcado en un amarillismo que se disfraza de reconocimiento natural, pero que sigue viralizando este tipo de historias a partir de aquello fundamental para subsistir: clics.

El fútbol es un estado de ánimo. En Kosovo se práctica desde hace mucho y por más que lo intenten, están bastante lejos de la élite europea. Ni en el deporte encuentran acobijarse ante un sistema de antaño que para triunfar, debes de tener más de un siglo de experiencia. Incluso, hay naciones que no han podido hacerlo. En todo caso, la Federación de Fútbol de Kosovo sabía en donde se estaba metiendo. Desde 2016 es aliado de FIFA y UEFA, jugaron sus primeras eliminatorias mundialistas de cara a Rusia. No podemos hablar de una liga profesional, sí de una hegemonía del club más grande de la capital en una competición que aún espera el reconocimiento UEFA para adentrarse en las competiciones continentales. Solo 3 de 49 jugadores convocados hasta la fecha juegan en el torneo local: todos arqueros.

Kosovo, ese país que se independizó hace una década y en el que el 90% de la población tiene orígenes albaneses, no vive sus mejores años. Un estado fundado de las creencias de sus vecinos y una globalización que apuesta, como condición principal, olvidar los grandes errores del siglo pasado. Poco más habrá que contar de una zona balcánica que se muestra mucho más atrasada que sus vecinos. Un punto negro en la historia europea que continúa juzgando a los artífices de las grandes atrocidades de la historia contemporánea. Como si encontráramos una habitación oscura que sesgó a los habitantes que llegaron a gritar libertad. Como si ese hubiese sido su único destino: formar una república.

Gabriel Hidalgo

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