El Ruido del SouffléSeriesFrenesí en pausa

Daniel Hinojosa4 meses ago6723 min

Recuerdo, con muchísimo cariño, la primera vez que escuché “Livin On A Prayer” de Bon Jovi. Todavía utilizaba, para combatir el tedio de los trancones y la fusta de un platanal bullicioso disfrazado de colegio, un reproductor Discman morado cuyas pilas recargaba dejándolas toda la noche en el congelador las veces que no tenía para comprar unas nuevas. Un amigo me había regalado un CD, cuando aun existía la noble tradición de quemar discos para compartir música, que consistía en rock variopinto, pues confluían entre pistas los sonidos de la guitarra de Eric Clapton, la voz melancólica del Cerati acústico, las poderosas letras de Noel Gallagher y la estruendosa batería de Dave Grohl, entre otros. Allí, en la pista número siete, estaba una composición sensacional, con un solo de guitarra de aquellos que uno solo podría tocar en el Guitar Hero y una línea de bajo robusta y alucinante. La palabra que mejor resume mi primera toma de contacto con el tema insignia del “Slippery When Wet” de la banda de Jon Bon Jovi es frenesí. Hoy en día, casi 13 años después, sigo siendo atacado por vestigios de frenesí y alegría cada que la canción suena.

Ver al onceno de Tite, la selección de Brasil, irrumpir con ímpetu para quebrar, a puro jogo bonito, el hastío producido por el gélido clima que adornaba la noche en Rostov, me llevó de vuelta a los años de aquellos comerciales de Nike conducidos por Cantona en los que los Ronaldinho, Ronaldo, Adriano y compañía dejaban pequeñas evidencias del fútbol vistoso y colorido que practicaban con su selección. Ese mismo juego que pregonaban los equipos de Pelé y Sócrates, con los cuales, gracias al video, hemos podido extasiarnos como si estuviésemos, por ejemplo, en las gradas del estadio de Sevilla la tarde de aquel fulgurante gol de Zico a Escocia, en 1982. Al igual que dichos videos, la realidad hoy fue una fuente abundante de frenesí. A pesar de no estar en plenitud de condiciones, Neymar llevó la batuta ofensiva de un elenco que cuando lograba hilvanar combinaciones en espacio reducido, juntando a los Marcelo, Coutinho y Gabriel Jesús, desparramaba arte a raudales. Y todos estos escuderos estaban resguardados por las intervenciones en las coberturas a lo ancho de un titánico Casemiro, que ratificó su condición de piedra angular del sistema.

Sin embargo, así como la realidad se encarga de recordarnos, cada que las canciones dejan de sonar, que la vida es solo la muerte aplazada, como lo dijo Schopenhauer, el fútbol, que es una maqueta de la existencia a pequeña escala, sabe replicar dicha condición de poner en pausa, con un freno en seco, el frenesí. Suiza, con el gol de Zuber y el bloque compacto y reactivo que les quitó el oxígeno progresivamente a los pequeños magos vestidos de verde biche, fue el botón de pausa que detiene “Livin On A Prayer” en el pico del solo de guitarra de Phil X. De la misma forma que dicho botón de pausa nos devuelve a la realidad de la procesión zombi en el transporte público en hora pico y el árido desierto que cobra vida al interior de nuestra billetera, Suiza le dio, simbólicamente, un baldado de realidad competitiva a Brasil. Le demostró, siendo un ejemplo más como los Islandia, México o Irán, que este mundial requerirá que los favoritos, aquellos planteles plagados de talento individual, se blinden con una coraza de resiliencia y sacrificio, y que el cuento de las cenicientas está mandado a recoger. Olvidar los prejuicios y jugar cada partido con el carácter propio de una final. Solo así se podrá soñar con levantar el trofeo el 15 de julio; acción similar a llegar a casa, tumbarse sobre el diván en absoluta soledad y verificar que ya no hay nadie alrededor que pueda ponerle pausa a “Livin On A Prayer”. Ese será el esfuerzo requerido para prorrogar el frenesí: abofetear, en la cara y con la mano abierta, a la realidad.


Daniel Hinojosa

Editor/corrector de estilo. Narrador por catársis. Amante de la luz titubeante, que emana del foco averiado, en el polvoriento y lúgubre camerino del perdedor.

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