OpiniónPotencial desperdiciado

Juan Pablo Gatti2 meses ago8054 min

La Unión Soviética ha sido, sin lugar a dudas, una de las mejores selecciones de fútbol de todos los tiempos. Ganadora de la Eurocopa de 1960 y de dos oros olímpicos, finalista en otras tres oportunidades y casi siempre entre las mejores ocho en los Mundiales –además de proporcionar una de las grandes revoluciones en este deporte de la mano del ucraniano Valeri Lobanovski, a los soviéticos les faltó muy poco para terminar de dar ese salto definitivo que les permitiera quedarse por primera vez con una copa del mundo (o por lo menos llegar a la final); algo a lo que Rusia, la casa madre de las naciones que fueron surgiendo de la moribunda URSS, siquiera pensó en alcanzar.

La patria de Putin será sede de un Mundial por primera vez en su historia, pero llega en un momento de tantas dudas que pareciera ser que vayan a convertirse en la segunda nación local en quedarse afuera en primera ronda, tras Sudáfrica en el 2010. ¿Tiene explicación esto que les digo? Vamos a averiguarlo.

Primero debemos manifestar que Rusia ha sido una participante frecuente de las Eurocopas, logrando plaza en todas las ediciones menos en la del 2000, aunque no ha corrido con la misma suerte en los Mundiales, donde se ha perdido tres –1998, 2006 y 2010- y la tónica ha sido siempre la misma: se han quedado afuera en primera ronda en cada torneo, con excepción de la Euro 2008, donde alcanzaron su pico máximo de rendimiento, terminando en el tercer lugar luego de realizar un maravilloso torneo. Igor Akinfeev, Vasili Berezutski, Sergei Ignashevich, Konstantin Zyryanov, Yuri Zhirkov, Roman Pavlyuchenko y Andrey Arshavin fueron algunos nombres de aquel equipo que maravilló a Europa durante ese año. Parecía que Rusia tendría, por fin, un equipo a su altura, pero varias cosas atentaron contra eso.

Primero se debe resaltar el constante cambio en los banquillos. El holandés Guus Hiddink se marchó en febrero del 2010 luego de caer en el repechaje ante Eslovenia, sin lograr llevar a esta generación a una Copa del Mundo que pudo haber cambiado la historia y la mentalidad de los jugadores. El estilo de toque, precisión, versatilidad y hasta picardía que el holandés había propuesto rompía con el juego histórico de los rusos, más apegados al denominado “fútbol socialista”; esto era –expresado sencillamente- jugar todos como parte integral del equipo, pero en donde la individualidad quedaba prácticamente vetada. Los rusos, con gente de distinto calibre como Dick Advocaat, Fabio Capello, Leonid Slutsky o ahora con Stanislav Cherchesov, volvieron a utilizar ese sistema bastante arcaico, que les permitió ganarles a equipos de menor calibre, pero que los vuelve muy predecibles ante oncenas de nivel similar o superior, como se ha visto, por ejemplo, en la Copa Confederaciones 2017.

Si bien es necesario que todos tengan un rol preestablecido, el hacerlo sin una mentalidad abierta y con alguien que se atreva a romper gracias a un pase filtrado o una gambeta cuando es necesario (como lo hacía Arshavin) termina por gestar un equipo de nivel medio, lejos de lo que se esperaría de una nación que otrora fuera potencia.

A su vez, otro de los puntos a resaltar es que en ningún momento hubo, por parte de la federación, una preparación a conciencia para este, su Mundial. El trabajo en las inferiores es muy pobre, sin muchas estructuras, lo que se termina viendo en las selecciones juveniles: la sub-20 nunca se clasificó para una Copa del Mundo, y la sub-17 apenas ha llegado en dos oportunidades, algo que contrasta enormemente con el trabajo hecho en la URSS, campeona en los mundiales de 1977 (sub-20) y 1987 (sub-17), además de ser semifinalista en varias oportunidades.

Dentro de este punto se puede enmarcar también el despilfarro de varios magnates de los clubes, que en muchos casos nunca se han fijado justamente en la materia prima, relegando a muchos jugadores a tener que buscarse su sitio en clubes de segunda categoría o en otras ex provincias soviéticas. Apenas hay casos reseñables de instituciones que tiran de la cantera, como son los clubes moscovitas (CSKA, Lokomotiv, Spartak y Dinamo). Esto, sumado a la poca competitividad de los equipos rusos en Europa, ha atentado contra el rendimiento global del seleccionado.

El no tener un proyecto establecido desde las bases –tuvieron ocho años para establecer uno pensando en este año-, el cambio de entrenador cada dos o tres temporadas, una liga que ha pasado a ser de segundo orden (y en donde muchas veces se gasta más dinero del que se tiene) y el desperdiciar a una generación talentosa han hecho, entre otros factores, que hoy Rusia llegue al Mundial como una de las selecciones más flojas de entre las 32 participantes. Lamentablemente desperdiciarán su localía, aunque tienen potencial para reaparecer en los próximos años entre las mejores, aunque dependerá del trabajo y la paciencia (tanto de la federación como de los clubes) algo que, hasta aquí, no se ha visto.

Juan Pablo Gatti

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