ReportajesToronto: the future is now

La franquicia canadiense atraviesa el momento más exitoso de su historia. La proyección del actual campeón de la Major League Soccer a base de un nombre: Tim Bezbatchenko.
Gabriel Hidalgo2 meses ago210457 min

La historia moderna del fútbol norteamericano está marcada por franquicias que, durante un tiempo prolongado realizaron gestiones deportivas admirables. Las que no lo hicieron también tienen su espacio, pero suelen estar tachadas como fracasos rotundos. La Major League Soccer se fundó bajo una sociedad que veía con mucho optimismo los años venideros, cambiar de milenio significaba mucho. Aquel arraigo por parte de los fundadores a las primeras leyes muy americanas se transformó. Evolucionaron a la par de los propios equipos. Ya no vemos definición de desempate desde el medio del campo, tampoco aquellos sistemas de puntaje de antaño, influenciados por una sociedad que nació, creció y se desarrolló bajo un deporte con el brillante nombre de “football”. American Football.

Este exitoso modelo de gestión no es el mismo al de los inicios de la liga, a pesar de que los clubes fundadores lograron objetivos deportivos que hoy en día, aún admiramos. Por supuesto que la expansión tiene que ver con aquello de que la Major League Soccer no genera un nivel constante entre sus clubes. No podemos percibir alguna ideología que tras varios años, simbolice aquello que busca el propio fútbol estadounidense: ser competitivo a nivel mundial.

San Jose Earthquakes marcó un precedente a principios de siglo -entre 2001 y 2003- sin olvidar el primer gran hito de una franquicia: el doble campeonato de DC United en las primeras dos temporadas de la competición. Aquel equipo californiano se recuerda mucho más no sólo por contar con un joven llamado Landon Donovan, quien una década después se consagraría como el mejor jugador estadounidense de todos los tiempos, sino también por construir el primer gran legado por esas tierras. Aquel equipo era dirigido por un canadiense: Frank Yallop, parte de aquellas generaciones víctimas de la ausencia de una liga local profesional. Aunque tampoco le fue mal en el extranjero: jugó por 13 temporadas en el Ipswich Town de Inglaterra antes de retirarse en el Tampa Bay Mutiny. Luego de su etapa en San Jose dirigió a la Selección de Canadá. El mejor entrenador para ese momento de la Major League Soccer se establecía como la figura más importante del fútbol de su país. Con Yallop empezó una reforma en las divisiones formativas. Canadá mejoró su estructura mientras las grandes selecciones del mundo se peleaban un cupo en Alemania. Con él comenzó una etapa distinta. Una era que a la larga, debían imitar los grandes equipos del país.

El nacimiento
Mientras Yallop ingresaba al Salón de la Fama de los deportistas canadienses, la compañía Maple Leaf Sports & Entertainment (MLSE) pagaba 10 millones de dólares por un cupo dentro de la liga. El 11 de mayo de 2006 se anunció la creación de una nueva franquicia expansión: Toronto Football Club. Hasta esto pudo ser diferente, las campañas previo a su anuncio tenían como opciones “Toronto Northmen”, “Inter Toronto FC” o “Toronto Reds”. Los lazos con la afición local se iban expandiendo. No había duda de que se formaba un equipo que marcaría precedentes en la MLS. Era la primera franquicia canadiense en participar, Montreal Impact ingresó en 2012, un año después de Vancouver Whitecaps.

Los primeros años fueron muy difíciles, pero el equipo encontró una identidad con la afición. La idea de una franquicia de fútbol comenzaba a calar de buena forma en la ciudad. Se estableció un vínculo político-comercial con las empresas más importantes de la región, aunque no debemos olvidar el contexto en el que está institución se formó: la sociedad canadiense perfeccionó su sistema gubernamental y junto a un crecimiento económico sostenido, se posicionó entre los mejores lugares para vivir en América. No habría razón alguna para pensar que podían contar con todas las bondades socio-culturales de buenas a primeras. Hace rato que Blue Jays (MLB), Raptors (NBA), Maple Leafs (NHL) y Argonauts (CFL) luchan por llevar un título a la ciudad. Blue Jays pudo lograrlo en dos ocasiones y Maple Leafs cuenta con 13 campeonatos en su historia, pero nadie supera a los Argonauts que con 17 títulos son el equipo más ganador en la historia del football canadiense. El tema pasa a la hora de compararla con otras ciudades norteamericanas: no gozan de muchos grandes momentos en donde sus equipos se coronen como los mejores del deporte. La vara con Toronto Football Club tiene que ser distinta, pero la creencia de que más temprano que tarde se convertirán en el equipo más exitoso de la región comienza a tener sentido.

Bezbatchenko
Tras siete temporadas (2007-2013) en la Major League Soccer, la situación de Toronto FC era paupérrima, jamás se habían clasificado a unos Play-Offs. No contaron con el éxito inmediato que sí tuvieron equipos como Houston Dynamo (campeones en sus primeras dos campañas). Se convirtieron en una franquicia más del montón, aquellas que deambulan por un sistema de competencia americano que evita hablar de ascensos y descensos. Si algo hizo bien la MLS en sus inicios fue acercarse al modelo de las ligas americanas. Y a raíz de eso vemos como se alejan del sistema de competencia tradicional. Para 2013 el equipo contrataba a un nuevo Gerente General: Tim Bezbatchenko tomaba el timón de la organización a sus 31 años de edad y sin experiencia previa en alguna franquicia profesional. El propio Tim reveló que recibió muchas críticas -incluso de personas cercanas- en aquella época.

Bezbatchenko jugó fútbol profesional cuando era joven, pero lo abandonó para estudiar en la Escuela de Derecho. Tras varias pasantías en diferentes empresas, llegó a las oficinas de la Major League Soccer. Escaló varios puestos en poco tiempo antes de que Tim Leiweke, presidente de MLSE le ofreciera el puesto de General Manager (GM). Su gestión comenzó mal, y no hay otro calificativo para hablar sobre una de las peores contrataciones en la historia moderna del fútbol norteamericano: Jermain Defoe fue su carta de presentación. El delantero inglés jamás se adaptó a la vida en America y, tras unos cuantos fracasos y escándalos extra deportivos regresó a su país. Horas después anunció a Michel Bradley, capitán del seleccionado estadounidense y quien procedía de la AS Roma. Su error con el primero lo compensó con el segundo. Bradley es después de Bezbatchenko la persona más influyente en la historia de la franquicia. Sus años en Europa le dan una jerarquía con la que no todos los jugadores estadounidenses cuentan. Para Toronto significa mucho: es el mejor ejemplo de un futbolista profesional. Se dice que solicita vuelo charter tras cada fecha FIFA para no perderse ningún entrenamiento del equipo; también suele llamar a media noche a los fisioterapeutas para jornadas extras en el club con miras al próximo partido. Michael Bradley lo es todo en Toronto. Luego del fracaso Defoe en 2015 aceptó rebajarse el sueldo con la única intención de traer a otros dos jugadores franquicia: Sebastian Giovinco y Jozy Altidore.

La inversión millonaria de Toronto Football Club marcaba un precedente en la historia de la liga. Ningún equipo había logrado un mercado tan exitoso. Los números encajaron a la perfección porque cada protagonista estaba consciente de ello. La labor de Bezbatchenko fue excepcional: logró el apoyo del grupo de inversores sin problema alguno a pesar de que sabían que era muy difícil ver el retorno de inversión y sedujo a dos jugadores que fácilmente podían haber seguido en Europa. El trabajo con el entorno de cada uno fue importantísimo. Se dice que su viaje a Italia para convencer a Giovinco simboliza un master en negociaciones. La capital de Ontario recibía a una de las grandes promesas del fútbol italiano, etiqueta a la cual el propio jugador tuvo que renunciar sabiendo la percepción del fútbol en donde llegaba de la sociedad en donde creció. Pero la Mayor League Soccer aplaudía: Toronto FC pasó de ser un equipo del montón al equipo con mayor proyección de toda la liga. Bezbatchenko empezaba a cambiar la historia del fútbol canadiense.

Tenía miedo. Varias personas me dijeron que el proyecto era visionario y eso de alguna forma te puede causar esa sensación. Pero ese miedo te hace mejor, yo estaba preparado para sentir miedo.” -Bezbatchenko, 2017.

Greg Vanney
Luego de dos temporadas como asistente técnico en Chivas USA, Greg Vanney asumió en 2014 la dirección técnica del equipo. Para el año siguiente alcanzaron los Play-Offs por primera vez en su historia con tres jugadores franquicia que menos de la mitad de la liga estaría dispuesto a pagar. Bezbatchenko cree que no es un problema de diferencias abismales en las inversiones. Ningún equipo de la liga podría alegar problemas económicos: el espectáculo MLS es cada vez mejor; la audiencia en los estadios y por televisión es abismal. La diferencia va por la intensidad que cada franquicia expone en la preparación de los campeonatos. Quizá este sea el gran problema del sistema de competencia norteamericano: el dinero está asegurado cueste lo que cueste y en una sociedad marcada por el capitalismo, el sendero es guía de números verdes. Toronto no escapa de esto último, el propio General Manager es el primer encargado de ver saldos positivos, pero es que hay tantas formas de manejarlo que de ahí arrancan las principales diferencias que culminan en grandes éxitos deportivos.

Tras el subcampeonato de 2016 el equipo entendió que no bastaba con hacer una excepcional temporada regular: los Play-Offs de la MLS suelen ser mucho más impredecibles. A lo largo de los años hemos visto como grandes equipos -favoritos al campeonato- se quedan afuera en la Primera Ronda. No es muy normal ver al campeón de la MLS Supporters’ Shield (trofeo que se le entrega al equipo con más puntos de toda la fase regular) levantar la MLS Cup. Mientras el grupo asimilaba la derrota y se preparaba para la siguiente temporada, Greg Vanney afianzó su intención de jugar con posesión de balón. No es muy común ver este tipo de ideas en la liga, hablamos de un fútbol en el que predomina el pelotazo y el choque físico. Si queremos definir a este equipo debemos partir por un 1-4-3-1-2 en ataque con avances en bloques y con centrales muy técnicos, sin extremos pero con laterales que llegan hasta 3/4 de cancha para descargar con Giovinco, quien asume la total libertad en todo el frente de ataque. Lo de Sebastian es muy importante porque cada día que pasa se afianza lo que toda la ciudad e incluso el país, opina de él: es el mejor jugador extranjero en la historia de la Major League Soccer.

Construyendo un legado
La temporada 2017 fue sin lugar a dudas, la mejor en la historia del club. De hecho si hablamos de números, fue la mejor de una franquicia en toda la historia de la liga: 20 victorias en 34 partidos y 69 puntos en la fase regular para quedarse por primera vez con el MLS Supporters’ Shield. En junio se coronaron campeones por sexta ocasión del Campeonato Canadiense, un torneo que define el representante de Canadá en la Liga de Campeones de la CONCACAF. El camino culminó con la consagración en la MLS Cup: derrotaron en casa a Seattle Sounders para obtener la primera estrella de la franquicia. Tim Bezbatchenko vio sus primeros éxitos cuatro años después de su llegada y entre sus mayores aciertos, estuvo el haber contratado a Greg Vanney. Hoy en día como dúo suman muchísimos elogios. Según los medios locales a la hora de comprar un jugador hacen un análisis exhaustivo entre ambos: tienen que estar completamente de acuerdo para cada contratación. A esto se le agrega la gran cantidad de limitaciones que tienen los equipos de la MLS para hacer transferencias, en Toronto entendieron que en un sistema tan lineal como en el que se desempeñan, traer a jugadores solo como apuestas es bastante riesgoso. Con eso podríamos partir si queremos hablar de los grandes fracasos deportivos americanos.

Parte del éxito también se refleja en el grupo de jugadores. En un reportaje publicado por The Star, varios de los referentes definen la dinámica del equipo como “perfecta”. La variedad cultural ha sido clave para que cada jugador que llegue pueda adaptarse fácilmente. Según Michael Bradley “todos los fichajes son bienvenidos con los brazos abiertos”, Nick Hagglung cree que la diversidad de lenguas no produce un efecto negativo dentro del equipo ya que “utilizan más que palabras para comunicarse”. A esto le aunamos el poder de la academia: desde la llegada de Tim Bezbatchenko se ha potenciado la cantera del club. Para esta temporada subieron 8 juveniles al primer equipo como resultado de esa estructura que busca posicionarse como un valioso proyecto de la región. La cantera siempre fue importante para los principales inversores y eso se ha ido captando en el resto de la pirámide organizacional. El francés Benoit Cheyrou se retiró como jugador profesional tras el título en 2017 para ocupar un alto cargo en la academia. Cerca de 120 jugadores hacen vida entre las categorías Sub-12 y Sub-20. La franquicia ha expandido su infraestructura en este campo. Los recursos jamás faltarán para desarrollar el talento joven de Ontario. Los mayores exponentes en la actualidad son Alex Bono y Jonathan Osorio: el primero es el arquero titular que salió de la Syracuse University y el segundo pasó por varias categorías de la cantera antes de saltar al primer equipo.

El objetivo de Toronto FC es por supuesto levantar la MLS Cup, pero también construir una marca indeleble en el mapa futbolístico de Canadá, especialmente en Ontario. Nuestra ambición es construir una academia de jóvenes jugadores que produzca un efecto positivo real en sus vidas. En la mayoría de los países hay jugadores de 18 años en un entorno profesional, nosotros queremos crear un lugar en donde podamos evitar cualquier riesgo social para estos jóvenes talentos.” – Paul Beirne, Director de Operaciones, 2008.

Perfeccionar el producto
Si hay una ventaja clara para la Major League Soccer por encima del resto de la región es la infraestructura con la que cuentan cada uno de sus clubes. De hecho, entre los requisitos para entrar en el selecto grupo de franquicias está el contar con un estadio propio en excelentes condiciones. De aquí parten una serie de regulaciones muy bien estructuradas: el espectáculo debe estar garantizado a partir de lo básico. Entre 2014 y 2016 la franquicia emprendió un proyecto para renovar el BMO Field, estadio que comparten con los Toronto Argonauts y que contaba con capacidad de 21.566 asientos. Tras varios meses de negociaciones con las autoridades se aprobó el proyecto de renovación: se agregaría un nuevo piso a la tribuna este. El estadio pasó a tener 30.000 asientos. Maple Leaf Sports & Entertainment invirtió 120 millones de dólares en dicha renovación y con miras al mundial de 2026 -que pretende organizar Estados Unidos junto a Canadá y México- se estima otra renovación a partir de 2019. La intención no es otra que llevar a las mejores selecciones del mundo a Ontario.

Si nos adentramos en lo económico: Toronto FC es el equipo con algunos de los números más altos de toda la liga. Contar con tres jugadores franquicia de tal magnitud disparó el tope salarial que desde 2015 supera los 20 millones dólares. Desde que Tim asumió la gerencia general el equipo registra un alza sostenido tanto en su valor de mercado como en sus ingresos por año. Aunado al aumento en el promedio de asistencia al estadio -que en 2017 fue de 27.394 personas- nos refleja un éxito económico rotundo por parte de la administración de Bezbatchenko.

Si en algo han fallado los equipos de la Major League Soccer es en la consagración continental. Sólo dos equipos han podido llegar a la final desde la creación de la CONCAChampions (Real Salt Lake en 2011 y Montreal Impact en 2015). En las 9 ediciones de la competición se han titulado equipos mexicanos. Esto ha sido objeto de estudio por muchas personas: primero se alegaba que el sistema de competición favorecía a los clubes de la Liga MX por tema calendario (la primera ronda se disputaba entre septiembre y noviembre; la segunda entre febrero y mayo), también se creyó que los equipos de la liga no le daban mayor importancia a esta competición.

Desde el subcampeonato de Montreal Impact hace 3 años, se han forjado algunas reformas dentro de la MLS para que sus equipos logren éxitos continentales. El nuevo formato de la CONCAChampions facilita mucho más las cosas: ahora es una competición disputada en 3 meses a puras series de ida y vuelta. Tras 4 ediciones en las que no participó, Toronto FC regresó a dicho escenario durante la presente edición. El equipo jamás había participado en esta copa bajo la gerencia general de Bezbatchenko, su última participación data a la temporada 2012-2013 donde se quedaron en la fase de grupos. La franquicia se mostró abocada a llegar a las instancias finales. El presidente Bill Manning mencionó en varias ocasiones que estaban dispuestos a pelear por Norteamérica. En una entrevista realizada en febrero de este año por el portal SportsNet, Bezbatchenko reveló que esta edición de la CONCACAF Champions League es el objetivo principal de la organización. Michael Bradley se sumó al movimiento y explicó que al ser “el mejor equipo de la MLS” iban a “luchar por ser los campeones del continente”.

El camino ha sido bastante complicado: Colorado Rapids, Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León y Club América. Toronto FC dejó en el camino a dos de los clubes más grandes de México y lo hizo siendo ampliamente superior. Ningún equipo de la liga había vencido de tal forma a sus pares mexicanos. En medio de una inédita final frente a las Chivas de Guadalajara, la franquicia de Ontario se encuentra ante una oportunidad única: coronarse campeón de CONCACAF siendo el vigente campeón de la MLS. Eso es algo que ningún equipo ha logrado en la historia, el trabajo psicológico que han emprendido en Toronto es realmente significativo y no es casualidad que Sebastian Giovinco y Jozy Altidore hayan sido los mejores durante la campaña continental. Son jugadores que entienden realmente la trascendencia de este torneo. Siendo justos, toda la institución la comenzó a entender. La gloria continental conlleva medir fuerzas con otros grandes equipos del mundo, en Toronto sueñan con jugar un mundial de clubes.

The Future is Now
Toronto amanece cada mañana con un aire de felicidad. Si algo le envidian otras ciudades -con más grandes momentos- es su cercanía con los equipos de las ligas profesionales. De Toronto Raptors siempre se va a esperar algo, su historia en la NBA la vuelve una franquicia muy especial. Igual que los Toronto Argonauts que gozan de ser los máximos campeones de una liga que no puede -ni podrá jamás- compararse con la National Football League (NFL). Pero debemos anular esa creencia que lo viven de la misma forma que los estadounidenses. Hace mucho que se superó el trago amargo de no competir junto a sus pares vecinos, la sociedad canadiense va a otra dirección. No podrán alejarse de ese patriotismo norteamericano. El tema es que son menos, hace mucho más frío y vivieron un proceso histórico muy diferente, o al menos eso quieren hacer creer.

Incluso antes de que surgiera la idea de crear una nueva franquicia de fútbol, los otros deportes habían asimilado la situación. Toronto Football Club no creció en un entorno parecido, lo hizo en medio de una globalización que los propios fundadores conocían muy bien. Hace rato que llegaron los clásicos españoles o las finales de Champions a la región. El poder plasmarlo en un equipo local era un éxito rotundo, el fútbol es el deporte con mayor alcance global. Esta aseveración esta exenta a cualquier semejanza con los gustos de las clases sociales predominantes. No podemos pedirle a Nueva Zelanda que aspire ser la mejor selección de fútbol. Tampoco es que les interese mucho, tienen la atención en otra parte, en las danzas que invocan la guerra tribal maorí. Y por aquí nos podemos extender si queremos hablar de las diferencias sociales.

Que 10 años después de su creación comience a dominar el escenario continental dice mucho de este modelo americano. Que Bezbatchenko haya logrado en tan poco tiempo lo que muchos otros de sus pares jamás podrán hacer, también es meritorio. Alguna vez dijo que a menudo lo llaman varios clubes de Europa, con un interés diferente, un poco más “Tell me how you do it”. También confesó que no planea salir de Toronto, no le atrae irse a otro continente con recursos muy diferentes. Su interés se mantiene en liderar un proyecto deportivo que ya alcanzó la cima y que, para mantenerse debe estar en constante evolución. Es muy difícil pronosticar el inicio de una monarquía en una liga que a lo largo de su historia ha visto como muchos lo intentan, pero no debemos olvidar cual es el objetivo más grande dentro de cualquier deporte: ganar. En Toronto ya lo hicieron, y las ganas de triunfar siguen intactas. Aprendieron de la historia. Ahora escriben la suya.

Gabriel Hidalgo

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