LugaresMomentosGuardiola antes de Guardiola

Juan Pablo Gatti6 meses ago6866 min

Se suele escuchar por parte de algunos periodistas -a los que los hinchas se suman- que los grandes entrenadores (Michels, Sacchi, Sebes, Ancelotti…) lo son solo porque en sus plantillas han logrado coincidir en su tiempo con rutilantes estrellas y que, sin ellos, nada hubieran logrado, pués estas figuras saldrían campeones sea quien sea el director técnico de turno. Y en la actualidad quien no ha podido quitarse estos malos pensamientos de encima es, sin lugar a dudas, el catalán Josep Guardiola. Luego de ganarlo todo con el Barcelona y de crear una de las mejores dinastías deportivas de todos los tiempos, se marchó a trabajar con distintos objetivos. Primero en el Bayern de Munich y luego en el Manchester City, logrando ganar y perder, pero manteniendo siempre su ideología -por supuesto que con matices, aunque la raíz sea la misma-. Pero aunque haya varios que le pidan títulos con entidades menores para que “demuestre su valía” lo cierto es que Pep si lo ha hecho, y en su primera temporada, logrando ascender nada menos que al Barcelona B de Tercera División (cuarta categoría) a Segunda B.

Como se sabe, en España varios clubes de primera y segunda tienen compitiendo en las categorías menores a las denominadas “filiales”, que son equipos de jóvenes que en vez de tener que buscar rodaje en otras instituciones o en campeonatos de reserva lo hacen en torneos oficiales (y bastante duros) con los colores del club, con la esperanza de un día subir, por fin, al primer equipo, o en todo caso ser vistos por otros conjuntos para ser llamado a sus filas. El conjunto blaugrana siempre tuvo una de las mejores filiales del país, pero en aquel entonces era bastante ignorada, haciendo que en la temporada 2006-2007 el conjunto bajase a la Tercera División, un torneo semi-amateur y regional. No estaban en ese nivel desde la campaña 1973-1974.

En el libro “Mourinho versus Guardiola. Dos métodos para un mismo objetivo” de Juan Carlos Cubeiro y Leonor Gallardo, se explica que “a nivel estructural, es un equipo en donde los buenos jugadores apenas duran. No existen parámetros que configuren la hoja de ruta imprescindible para la formación del jugador una vez terminada la etapa juvenil. Salvo los que destacan poderosamente, el resto languidece en el “B” a la espera de una oportunidad que jamás llega (…). El barcelonismo parece satisfecho con los frutos de la cantera (Lionel Messi, Giovani Dos Santos, Bojan Krkic), pero en realidad no existe un flujo continuado: el filial no es el proveedor oficial del primer equipo, sino solo un pequeño rellano en el que se detienen las grandes figuras antes de dar el salto”.

Volver al primer amor
Guardiola, una vez retirado como jugador, se embarcó en un viaje para poder conocer y aprender más sobre el nuevo mundo que le esperaría en los banquillos. Así pudo conversar con gente del ambiente del fútbol (Marcelo Bielsa, César Luis Menotti) o inclusive con entrenadores de otros deportes, como Julio Velasco. El presidente, Joan Laporta lo llamó un día para proponerle un trabajo en el club en el que había dado lo mejor como jugador. En un principio le habían ofrecido ser el coordinador general de las inferiores, pero como se muestra en el libro “Pep Guardiola, otra manera de ganar” de Guillem Balagué, él le dijo al director deportivo del Barcelona, Txiki Begiristain “quiero entrenar, me siento capacitado para hacerlo. Quiero empezar por el filial, ahí mismo”, a lo que el actual director de fútbol del Manchester City cuestionó “¿te has vuelto loco? ¡ese equipo no tiene futuro! ¡es más fácil ganar la Liga con el primer equipo que ascender con el Barcelona B!”. Pero Guardiola, lejos de amedrentarse -ya sabía con que se encontraría- cerró la discusión con un simple pero contundente “dame al Barcelona B, sé lo que tengo que hacer con él”.

Junto con su asistente -el querido Tito Vilanova-, se propuso cambiar las inferiores desde las bases, sabiendo que si la filial no funcionaba el resto de la estructura no serviría para nada. Hizo modificaciones en La Masía para hacerla más acogedora, además de hacerla más profesional, ya que habría expertos que seguirían a los jugadores para tratar de mejorarlos lo máximo posible. Además, se los comenzó a motivar, demostrando siempre que en el Barcelona, fuera la categoría que fuera, había que ganar siempre, ser competitivos, pero siempre con un estilo, con una idea clara, que sería la que luego llevaría a la mayor.

En “Mourinho versus Guardiola…” los autores expresan que “para Pep, el Barcelona B ya no será un simple peldaño de transición, sino que empieza a ser considerado y gestionado como un equipo más: joven, pero con el mismo interés por competir que cualquier otro. Pero no competir sin objetivos, sino para obtener el máximo: ser campeón de la categoría en que milite. Y con altísima competitividad interna: quien se duerma pierde el puesto porque siempre hay otro, o incluso algún juvenil, dispuesto a ocuparlo”.<

Ganar, ganar y ganar
Guardiola comenzó a conocer a sus muchachos y a potenciarlos. De hecho hizo ampliar el terreno del Mini Estadi para que el juego de posición y toques rápidos pudiera ser más efectivo. Entre sus jugadores se encontraban hombres que luego darían el salto a clubes de Primera como Oier Olazabal, Chico Flores, Marc Valiente, Victor Sánchez, Xabi Torres, Abraham González, Victor Vázquez, Iago Falqué, Gai Assulin más cuatro que terminarían dando el salto al primer equipo como lo fueron Pedro Rodríguez, Jeffren Suárez, Thiago Alcántara y el mejor de todos, Sergio Busquets.

El Barcelona de Pep disputó el Grupo V de la Tercera División 2007-2008. Para optar por el ascenso directo debían terminar entre los cuatro primeros del grupo, y así lo hicieron, terminando líderes al cabo de 38 jornadas producto de 25 triunfos y solo 5 derrotas, con 70 goles a favor y 41 en contra, finalizando por encima del Sant Andreu apenas por una unidad. No era una división accesible la catalana dado que había clubes muy experimentados en el ascenso como el propio escolta, Reus Deportiu, Palamós, Balaguer o Europa. El ascenso estaba cerca, pero aún quedaba la ronda de eliminatorias, aunque los Pep Boys convirtieron esta experiencia en algo maravilloso. En semifinales empataron en la ida ante Castillo de Las Palmas (0-0), pero en la revancha se llevaron el gato al agua por un contundente resultado (6-0). Y en la final el Barbastro de Aragón tampoco fue rival, siendo vencidos por 0-2 y 1-0. “En ese momento me dije que si podíamos ganar y jugar un fútbol bastante bueno en un campo pequeño, podríamos hacerlo a un nivel superior con mejores jugadores y mejores lanzamientos. Dudaba por dos días. Fue un momento importante porque era nuevo, no tenía experiencia. Tenía 37 años, nunca había entrenado con grandes jugadores. Tenía muchas cosas en las que corregía pero tenía que demostrar mi valía”.

Todo lo bueno que demostró mientras estuvo en las inferiores hizo que antes de finalizar la temporada ya supiera que daría el salto nada menos que al primer equipo, cosa que no se sabría si hubiera ocurrido tan pronto si él hubiera preferido ser el coordinador general de las inferiores en vez del entrenador del equipo B. Un filial en el que demostró que podía llevar a cabo su concepción del fútbol y en donde también podía salir campeón sin tantas estrellas.

Juan Pablo Gatti

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