HistoriasLugaresEncendido para la historia

Irati Vidal7 meses ago10495 min

Los Juegos Olímpicos de México 1968 supusieron un antes y un después en la historia del olimpismo. Dopaje, récords, sanciones y análisis quedan en el recuerdo de las primeras olimpiadas que vivió latino-América. Sin embargo, el mayor hito de aquella competición fue el de romper con los estereotipos y abrir la puerta a una nueva etapa en la historia del deporte. Una etapa en la que las mujeres tenían cabida. Y no solo para entregar las guirnaldas al ganador, como defendía el creador de los Juegos Olímpicos modernos Pierre de Coubertin, sino como protagonistas.

La discriminación empezó a difuminarse ese verano del 68 y lo hizo a base de fuego y simbolismo. Por primera vez en la historia una mujer llevaría la antorcha olímpica hacia el pebetero y se encargaría de encenderlo.

Con esa acción Enriqueta Basilio, la protagonista, no solo dio por iniciados los Juegos Olímpicos de México, sino que también dio luz a la carrera de fondo más larga de la historia: la del papel de las mujeres deportistas en competiciones oficiales. A partir de entonces, nada volvería a ser igual. Y las siguientes olimpiadas lo constataron. Porque desde 1972 las mujeres se han incorporado, como mínimo, en un deporte por JJOO.

La protagonista
En 1968 Enriqueta tenía 20 años y su mayor sueño era competir en unas olimpiadas. Sin embargo, pese a sus éxitos nacionales, no tenía la suficiente experiencia como para participar en unos Juegos. La mexicana solo había formado parte de dos torneos internacionales: los Juegos Panamericanos de Winnipeg de 1967 y una competición en Cuba ese mismo 1968. Sus probabilidades de participar como atleta eran, pues, escasas. Queta ni pensó en la posibilidad de encender el pebetero, puesto que hasta el momento esa era una tarea para hombres.

Pero la competición de Cuba lo cambió todo. Los organizadores de las olimpiadas llevaban tiempo pensando que esos juegos debían hacer historia. Que la tradición estaba para romperla. Y que había llegado el momento de que una mujer encendiera el pebetero. “Nunca me dijeron nada directo. Hubo una competencia en Cuba e hice un buen papel. Entonces me preguntaron qué pensaba de portar el fuego”, explicaba la protagonista a la BBC. Y añadía “Les dije que como siempre habían sido hombres había deportistas muy buenos para hacerlo, como Felipe Muñoz (primer y único mexicano en ganar una medalla de oro en natación)”.

La conversación terminó ahí pero días después un periódico publicó la noticia de su designación como portadora de la antorcha olímpica. Ella no tenia palabras. No sabía que decir. Fueron otros los que hablaron. Porque su designación causó polémica y algunos protestaron porque no entendían cómo una atleta con poca experiencia y originaria de una ciudad alejada de la capital del país podía tener semejante protagonismo en las olimpiadas. “Fueron las dos cosas”, recuerda Enriqueta en la BBC. “Era de provincia y estaba muy novata, del juvenil me fui directa a las olimpiadas”. Otros, además, añadían una tercera crítica: portar la antorcha olímpica y encender el pebetero no era tarea para una mujer.

Por suerte, para la protagonista y para la historia, el comité organizador se mantuvo firme en su decisión.

“Cerré mi mente para únicamente pensar en que tenia que llegar”
En una entrevista a la BBC, Enriqueta explicaba que no fue nada sencillo llegar al pebetero. La historicidad de lo que iba a lograr provocó que cientos de atletas invadieran la pista para inmortalizar el momento. Todas las miradas estaban sobre ella y su improvisado uniforme blanco. La suya, sobre el pebetero, al que no perdió de vista ni un momento. “Cerré mi mente para únicamente pensar en que tenia que llegar”, explica la protagonista. “Quería alcanzar la escalera, era lo que más miedo me daba”.

Para facilitarle el paso, un grupo de niños formaron una barrera protectora que le abrió el camino hacia las 92 escaleras que le separaban de la historia. Aquellas que le conducirían a lo más alto del estadio. En ese momento, Queta explica que respiró profundo. Nada ni nadie la separaría de su objetivo. Por eso, trató de evadirse del bullicio del estadio y,sin escuchar nada de lo que se sucedía a su alrededor, empezó a subir las escaleras. Con paso firme pero sin excesiva prisa. Hasta que llegó. Se detuvo. Miró a su alrededor. Y lo consiguió. La llama se encendió y los organizadores lanzaron miles de palomas al aire (símbolo de aquellas olimpiadas, símbolo de paz).

Entonces, cuando el pebetero prendió, la mexicana se dio cuenta de la transcendencia del momento. De que acababa de escribir una nueva pagina en los libros de historia. Por primera vez una mujer había encendido el fuego en unas olimpiadas. Y era ella. Enriqueta Basilio, mujer latina que en aquel momento materializaba un clamo occidental, el de la lucha por los derechos de las mujeres que había empezado a emerger durante esos años en Europa. Así lo explicaba años después: “Encendí el corazón de las mujeres, la lucha por la justicia, por la equidad; la lucha por la igualdad”.

Encendí el corazón de las mujeres, la lucha por la justicia, por la equidad; la lucha por la igualdad” – Enriqueta Basilio.

Siempre al lado de la mujer deportista
Norma Enriqueta Basilio, también conocida como Queta Basilio, nació el 15 de julio de 1948 en Mexicali, México. Ya desde joven se dedicó al mundo del deporte. Le gustaba el atletismo y pronto empezó a destacar en su práctica. Era la mejor de su generación. Su éxito en las carreras de 80 metros valla la convirtieron en un referente nacional. Hoy en día, Queta sigue siendo considerada uno de los principales símbolos de la historia del deporte en México De esa fama, que ya ostentaba en los años 60, nació la oportunidad de ser elegida por parte del Comité olímpico para portar la llama que iluminaría el pebetero de México 68. La elección le cambiaría la vida para siempre, como atleta y como persona. Una vez retirada del atletismo, Enriqueta siguió luchando por el reconocimiento de las mujeres deportistas. Tuvo una breve incorporación a la política mexicana, siendo diputada del Concejo Federal entre 2002 y 2003. Después dio el salto al Comité Olímpico Mexicano, del que es miembro permanente. Gracias a su contribución al deporte olímpico, en 2007 fue nominada para el Premio Nacional e Internacional del Juego Limpio organizado por el Comité Internacional para el Fair Play y el Comité Olímpico Mexicano. Una año después, recibía la Medalla Olímpica Guatemalteca.

Irati Vidal

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