The LinesY las ruedas siguen girando

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Aunque pareciera ser que los casos de dopaje en el mundo del deporte son un hecho reciente, se puede decir que estos existen casi desde el mismo tiempo en el que surgieron las competencias deportivas. Historiadores aseguran que, con la llegada del profesionalismo a los primigenios Juegos Olímpicos (alrededor del 400 a.C), los atletas comenzaron a buscar todo tipo de ventajas para asegurarse los cuantiosos premios que se ofrecían -casa, exención de impuestos, no asistir al ejército, entre otras cuestiones-, entre los que se encontraban, además del soborno y el engaño, el uso de extractos de hongos y gérmenes de plantas. Los romanos continuaron estas prácticas, por ejemplo, dopando a los gladiadores para que ofrecieran un mejor espectáculo.

Pero ¿qué es el doping? El periodista Marcos Pereda expresa que este “es únicamente el consumo de alguna sustancia prohibida o la ingesta de ciertas sustancias permitidas por encima de los valores que se consideran como válidos”. Lo que se busca a través de estos métodos es llevar al propio cuerpo al siguiente nivel, incluso a costa de la salud. Desde hace unos años, una de las disciplinas deportivas más golpeadas por estos casos es el ciclismo, que ha quedado manchado a raíz de casos como el de los equipos Festina y US Postal (con Lance Armstrong como caso paradigmático), o actualmente el que salpica al mejor corredor de la actualidad, el británico Chris Froome -quién deberá probar su inocencia-, aunque, como se ha dicho, este tema tiene larga data.

El Tour dañado
Considerada como la carrera más importante del mundo, Le Tour de France se celebra de manera casi ininterrumpida desde 1903 (los únicos cortes fueron, por supuesto, debido a los dos Guerras Mundiales) y es una competencia llena de héroes deportivos y grandes gestas, dado que este es un evento que lleva al límite al cuerpo humano. Los ciclistas deben recorrer más de tres mil kilómetros, muchos de los cuales son terrenos montañosos y con unas pendientes muy duras. Para los franceses, este es uno de sus eventos “sagrados”, como lo son también Roland Garros o los partidos que disputan los seleccionados de fútbol y rugby.

Por dicha razón, los galos en general y los amantes del ciclismo en particular se han visto afectados por los tantos casos de dopaje que han salpicado en particular a este evento. Si bien los primeros controles antidopaje llegan recién en 1966, luego de la muerte del británico Tom Simpson. Un año más tarde es cuando se toma real conciencia de este problema (en el maillot de Simpson encontraron tubos con anfetaminas, a los cuales le había sumado alcohol la noche anterior). Grandes corredores como el belga Eddy Merckx o el francés Jacques Anquetil, entre otros, han reconocido como una práctica normal el dopaje. Sin ir más lejos, Anquetil ha dicho que “el Tour no se gana tomando agua mineral”.

Será en la década de los 90´, sin embargo, cuando salten a la luz cada vez más casos. En 1998 ocurre el que se denominó como “el Tour de la Vergüenza”: la policía encontró enormes cantidades de sustancias prohibidas en posesión de Willy Voet, uno de los entrenadores del Team Festina, como EPO (eritropoyetina), hormonas de crecimiento, testosterona y anfetaminas. El equipo es descalificado y de los 198 corredores iniciales solo terminan la competencia 96. Se terminaba de confirmar, de este modo, que había una red de dopaje en el ciclismo, aunque allí no terminaría todo.

Lance Armstrong, sobreviviente del cáncer y de una infancia bastante dura, logra ganar nada menos que siete Tours seguidos, de 1999 al 2005, logrando una de las mayores hazañas de la historia del deporte. El rumor de que sus victorias habían sido logradas gracias al dopaje siempre fueron fuertes, aunque él se encargó de desmentirlas. Pero como demostró el informe de alrededor de mil páginas que sacó a la luz la USADA (la agencia antidopaje de los Estados Unidos) y como analiza Juliet Macur en su libro, “La rueda de la mentira, La caída de Lance Armstrong”, él, junto a sus compañeros del US Postal, habían utilizado el sistema de dopaje más sofisticado de la historia, contando, entre sus métodos, no solo con la EPO, sino además con las autotransfusiones sanguíneas. Pero lo que se descubrió no fue solo que ellos incurrieron sistemáticamente en estas prácticas: otros ganadores, como Bjarne Riis, Marco Pantani, Jan Ulrich, Alberto Contador y Floyd Landis también han dicho o se ha descubierto que no estuvieron limpios al momento de ganar la competencia, aunque la UCI (Unión Internacional de Ciclistas) solo le quitó sus títulos en el torneo francés a Armstrong y a Landis. Macur también cuenta que justamente todo esto fue posible gracias a que la UCI solía mirar hacia otro lado cuando uno de sus grandes nombres era puesto en duda.

Pereda expresa que “cualquier observador atento podía ver que en los años 90 algo había cambiado en el mundo del ciclismo. El paso del tiempo nos dijo que aquello era producto, en buena medida, del uso y abuso de EPO, y que el mismo estaba totalmente desatado en el pelotón. Casos como los de Festina ayudaron a “controlar” aquella situación, aunque el tiempo, nuevamente, nos mostró que fue más de forma simbólica y de puertas para afuera que otra cosa. Lo mismo ocurre con Armstrong. Sí que sirvió este caso, por la profundidad de la investigación, para descubrir y exponer de forma clara ciertas actividades y costumbres que antes solo se conocían “sottovoce”. Desafortunadamente, la trampa seguirá existiendo, en el deporte y en la sociedad, siempre, por mucho que se persiga y que se logre aparentemente controlar en algunos momentos”.

Los laboratorios siempre van más rápido que los controles y por ello el flagelo pareciera que no tendrá fin. Pero, así como se culpa a los deportistas por querer buscar “la fama y el dinero”, también deberíamos preguntarnos nosotros (como periodismo y como sociedad) si no es nuestra insaciable búsqueda de records y héroes la que nos lleva que ellos den más, aun si ello conlleva a prácticas “no limpias” y que incluso pueden atentar contra su salud.

Juan Pablo Gatti

Católico, periodista apasionado, intento de podcastero y amante de esas historias que no se suelen ver. Veo al deporte como algo que va más allá del juego en si mismo.

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