BreakerEl Saint-Etienne en su descalabro

Anderson Ayala8 meses ago10489 min

La historia reciente de la Association sportive de Saint-Étienne demuestra que el equipo puede llegar al cielo y bajar al inframundo en tiempos muy reducidos. Una ambivalencia que contrasta con los años dorados en la década de 1970, cuando la institución era monarca absoluta del fútbol francés.

Tras la salida del entrenador Christophe Galtier en junio del pasado año, habiendo estado al frente del banquillo desde 2009, las inquietudes por saber quién sería el sucesor del francés, y si podría llevar a cabo tal tarea, no tardaron en aparecerse. Galtier había logrado armar una buena plantilla para competir en la Ligue 1, y regresó el club a sus viejas glorias con la obtención de la Copa de la Liga en 2011 y tras clasificarlo cuatro veces consecutivas a la Europa League. Se había ganado el respeto de la afición y del vestuario, y por ello, sucederle no era una tarea fácil.

Tan pronto como pudo, la directiva halló un candidato para la tarea y en junio oficializó al español Oscar García como nuevo entrenador de les verts. Proveniente de una exitosa experiencia con el Red Bull Salzburgo, el catalán llegaba a la Ligue 1 como uno más de los extranjeros que se hacían cargo de los principales equipos (Ranieri en Nantes, Bielsa en Lille, Emery en PSG, Favre en Niza y Jardim en Mónaco). Bajo este panorama -y con Rudi García en Marsella y Bruno Genesio en Lyon-, lo aparejado de la competencia francesa pintaba como un reto durísimo para todos. A pesar de ello, la travesía verde arrancó más que bien, pero se cayó a base de descalabros.

Con el español en el timón, la ASSE inició su temporada en liga nada menos que sumando tres victorias consecutivas en su primeros tres partidos y sin encajar goles. No obstante, en la jornada 4 recibió un espaldarazo de la realidad al caer goleado frente al PSG, pero la mejoría desde el juego y la demostración de fútbol en el Parque de los Príncipes ilusionaron a toda una región (Ródano-Alpes), que veía como su otro equipo –el Lyon- también entusiasmaba.

La mejoría era evidente porque, primero, García supo encajar bien a los tantos refuerzos que llegaron (10 en total, de los cuales 8 se hicieron importantes siendo titulares o recambio), en contraparte a las 6 bajas que sufrió el equipo en su columna vertebral, y además porque rápidamente logró implantar su idea de jugar ofensivamente pero siempre controlando el balón y moviéndolo mucho por varios sectores del campo.

En esos primeros cuatro partidos todo pintaba para ser épico en el club. El esquema del 4-3-3 que instauró García parecía ofrecer cosas prometedoras ante los rivales de peso, pero de ahí en adelante el equipo se mantendría en un mismo nivel de rendimiento -sin alcanzar picos más altos o bajos-, hasta que el español dimitió de su cargo el 15 de noviembre por problemas con la directiva. Esa fue la primera caída del club en la presente temporada.

Hasta esa fecha media de noviembre, el club acumulaba en 12 partidos de liga un total de 5 victorias, 3 empates y 4 derrotas, con el agravante de haber quedado eliminado de la Copa de la Liga frente al Racing de Estrasburgo por penales (5-4), y de haber sufrido su última caída ante el rival de la región: el Olympique Lyon, que le propinó un aplastante 0-5 en su propia casa. Como se ve, luego de ese inicio triunfal hasta la jornada 4, en los siguientes 8 partidos los resultados no acompañaron: 2 victorias, 3 empates y 3 derrotas, que, sin embargo, no eran números nefastos indicativos de una crisis para lo que han sido los últimos años del Saint-Étienne.<

En ese momento de la temporada, García apostó en la mayoría de los partidos por el esquema que le dio frutos en la fase inicial, pero cuando quiso introducir cambios en el parado terminó por desordenar al equipo. La idea de controlar la posesión como primicia en la idea del catalán se mantenía, pero el fútbol practicado se volvió espeso, lento y sin la capacidad ofensiva que se demostró al inicio. El cambio de nombres en algunas posiciones habrá influido algo, así como también es innegable que fallos individuales y desconcentraciones le costaron dos empates en casa, pero lo cierto es que, como se dijo antes, el rendimiento se mantuvo en un mismo punto con García, nunca hubo picos máximos ni mínimos. Su once base sufrió algunas alteraciones con las rotaciones de ciertos nombres, pero en esencia puede dibujarse como sigue abajo:

El fuerte de esa alineación estaba en el sector medular, donde Diousse y Dabo ejercían ambos las labores de contención para así liberar a Selnaes y que éste se dedicara más a distribuir balones, algo que en la época de Galtier le era limitado al ejercer funciones más de ‘5’. En la zaga, la veteranía de Perrin y de Theóphile-Catherine era una garantía, y la adaptación rápida por las bandas tanto de Pierre-Gabriel como de Janko –ambos recién llegados- fue más que beneficiosa para García. Asimismo, la llegada de Jonathan Bamba también encajó perfecto en la delantera, no solo por sus condiciones individuales –velocidad, regate, potencia física-, sino por su capacidad para participar en el juego colectivo, y rápidamente se hizo máximo goleador (7) del equipo, así como el jugador que más ocasiones de peligro ha generado (20). <

No obstante a estos jugadores, dentro de las rotaciones fueron tomando participación otros nombres como Lois Diony y Remy Cabella en la delantera (ambos llegados en agosto), Pajot y el marfileño Habib Maiga en el centro y Gabriel Silva en la defensa, como lateral izquierdo.

Como se había mencionado, García intentó modificar su esquema en algunos partidos, variando al 3-4-3 y al 4-2-3-1, aunque eventualmente terminaría volviendo al 4-3-3 que tampoco le alcanzó para terminar despegar. El inicio tan fenomenal rápidamente le fijó al entrenador la vara muy alta, y a razón de que el nivel se quedase estancado y de que algunos resultados se le vinieran encima, comenzó sufrir los embates de la directiva.

En la jornada 9, el 14 de octubre del pasado año, les verts lograron obtener su última victoria por liga (3-1 ante el Metz), y a partir de entonces no ganarían más el resto del año, sumando 3 empates y 7 derrotas en los 10 encuentros sucesivos, haciendo más estrepitoso aún el descalabro.

El 15 de noviembre fue nombrado como entrenador un hombre de la casa: Julien Sablé, que jugó gran parte de su carrera en el club y que se desempeñaba como entrenador de las divisiones inferiores hasta el momento de su ascenso. Pero ese hombre de la casa, sin mayor experiencia, no pudo sino echar más gasolina al incendio que se trataba de apagar.

Aunque dirigió solo seis encuentros, no pudo sumar ni una victoria (2 empates y 4 derrotas), debido, en parte, a su falta de manejo del vestuario para consolidar alguna alineación fija. Introdujo más cambios posicionales que García y dio paso a más jugadores para probar, pero no terminó creando sino destruyendo las bases de los vestigios de equipo que había armado el español. También rondó por el 4-2-3-1, el 3-4-3 y el 4-3-3, aunque dio paso a jugadores fuera de ritmo como el brasileño Hernani (mediocampista), los galos Monnet-Paquet (extremo izquierdo) y M’bengue (defensa) y el noruego Soderlund (atacante).

Así y todo, ante tantos cambios hechos ahora por Sablé, quizás la principal deficiencia estaba en lo que el entrenador planteaba y lo que se veía en la cancha. La idea, si hubo una concreta que transmitir, pareció no ser entendida o interpretada por la plantilla, porque desde el terreno, bajo las órdenes del ex-jugador, el equipo parecía perdido y sin orientación, sobre todo al momento de atacar. Aquí, el rasgo de controlar el balón ya ni siquiera moribundo permanecía. Con esa contratación vino la segunda y rotunda caída del equipo.

El novato entrenador no pudo ni tomar bien las riendas del equipo, y la directiva volvió a ejercer su poder para cambiar al capataz del banquillo, dándole paso ahora al experimentado Jean-Louis Gasset, que permanece en el cargo tras haberlo asumido en la jornada 19, justo la última del 2017, en que debutó con una derrota frente al Guingamp.

Por lo pronto, en los encuentros que lleva al frente, Gasset ha variado de alineación entre el 4-1-2-3 y el 4-2-1-3, pero en los partidos recientes se ha decantado más por ese último parado, alternando también algunos nombres –en todas las líneas- con respecto al once base de García dado antes como referencia. En la línea ofensiva dio paso a Cabella, a pesar de que éste no haya respondido con goles, y al esloveno Beric lo ha ubicado como el ‘9’ de área en ocasiones. Por otra parte, en la defensa introdujo un par de cambios buscando mayor firmeza: a Pierre-Gabriel lo tiró en algunos encuentros hacia el costado derecho –sentando a Janko en el banquillo-, y le dio paso en la zaga a Lacroix –falto de minutos-.

Ante el descalabro que se avecinaba, el club consiguió cuartro fichajes que Gasset encajó rápidamente: el francés Yann M’Vila (mediocampista), que desde su llegada se hizo con el puesto de interior/contención por izquierda; el serbio Subotic, quien arribó para ubicarse de inicio en la zaga; el francés Paul-Georges Ntep (extremo izquierdo) y el lateral galo Mathieu Debuchy, tras rescindir contrato con Arsenal en las últimas horas del mercado.

Tales cambios no han terminado de ofrecer vestigios de resultados, tal vez por el mismo pésimo ritmo que trae el equipo. Es evidente que Gasset trata de dar con la alineación adecuada en cada partido, pero por ahora no lo está consiguiendo, y entre tanto desvarío parece estarse quedando estancado en el mismo abismo de sus dos antecesores.

El equipo volvió a la senda de la victoria en liga el pasado 14 de enero ante el Toulouse, exactamente tres meses después de haber conseguido su última victoria aquél 14 de octubre de 2017, ante el Metz. Para dimensionar ese período de penumbra, hasta esa jornada 9 acumulaba en total 5 victorias, 2 empates –como local- y 2 derrotas por liga, y de ahí en adelante no volvería a sumar de a tres sino, casualmente, tres meses después.

Ante tanta variación en el parado táctico, tanta rotación de nombres y hasta de los mismos entrenadores, resulta, de hecho, comprensible, no solo que el equipo bajara en picada del tercer lugar al décimo sexto en tan solo la primera vuelta de la liga, sino que además, hasta la jornada 23, sea el tercero más goleado (38), únicamente por detrás del Racing de Estrasburgo (39) y del colista Metz (39). Esto también se puede explicar a partir de un dato ilustrativo, y es que la ASSE, de 10 juegos que tuvo como local en la primera rueda, apenas logró sumar 3 victorias.

El futuro es más que incierto con Gasset al mando, pero la experiencia del francés ofrece un consuelo, reservado, de que se podría retomar el camino del bien para poder escalar de nuevo el risco en que se convirtió la Ligue 1. Ese consuelo se ve alimentado por las dos victorias que ya consiguió el equipo bajo sus órdenes, la última de estas ante el Caen (2-1) en la jornada 23, que le permitió subir dos peldaños en la clasificación general, para ubicarse entonces en la casilla 14.

La solución a toda vista parece provisional ante la falta evidente de un proyecto, pues el que se planteó con García ya quedó incinerado, y ahora no resta más que salvar la temporada para, a partir de junio, comenzar de nuevo, quizás con un nuevo estratega. Como se torna evidente, la sucesión de Galtier no ha sido nada sencilla para el club; así lo ilustra el cambio drástico de los objetivos en este primer intento: de acceder a Europa pasó a pensarse en la permanencia, síntoma que habla por sí solo del descalabro que sufrió el Saint-Étienne.

Anderson Ayala

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