RelatosWind of Change

The Line Breaker5 meses ago82717 min

Sale el sol a eso de las seis de la mañana en Venezuela. El hincha despierta feliz, ya que inicia el Torneo Apertura 2018 y como siempre, estará en la cancha para ver el debut de su equipo del alma. Repasa un poco el presente de su equipo: un par de importados de la B argentina que son ‘tiros al aire’ y otros dos rendidores para reforzar la salida de cuatro estelares del plantel, que tomaron la determinación de buscar desafíos fuera de sus tierras.

El hincha con detenimiento se queda pensando: “es algo típico de nuestro fútbol”, los jugadores esperan una buena oferta y se van. Europa, México, Brasil, Chile, Argentina o cualquier país que pueda servirle como plataforma para llegar al primer objetivo. En Venezuela, ves a Daniel Febles y a Mario Rondón; el primero –hijo de una leyenda del balompié local- tuvo un rendimiento bastante aceptable en Monagas y al acabar su préstamo selló su salida al Seoul E-Land de la segunda división surcoreana. Por su parte, Rondón viene de un año sin jugar por culpa de una lesión sufrida en la segunda división de China. Cuándo todos los rumores lo ubicaban en Venezuela, salió el Gaz Metan de la primera división rumana para acogerlo en sus filas. ¿El jugador venezolano sale por buenas ofertas, o cualquier oferta es buena siempre y cuándo implique una salida de su país? 

El concurrido aficionado se levanta y se dispone a pagar su desayuno: un cachito (un trozo de pan relleno de jamón, muy famoso en Venezuela) y un café. Entrega la tarjeta y al ver la cuenta se convence que lo que acaba de hacer (sentarse en la panadería a comer y pensar en banalidades) es un lujo que probablemente tarde mucho en repetir.

Suena en la radio “Wind of Change” de Scorpions, canción que habla sobre la caída del Muro de Berlín y la finalización de la Guerra Fría, el fin del comunismo en Europa. Uno de los grandes problemas de la Unión Soviética fue la emigración de científicos y destacados personajes públicos a países como Estados Unidos, para desarrollar sus proyectos y mantener un buen nivel de vida.

El hincha recuerda con nostalgia a tres de sus amigos, que lo acompañaban fielmente a la cancha año tras año. Hoy uno sigue a Independiente de Avellaneda, otro al América de Cali y otro al Milán en Italia, ya que se han visto casi tan obligados a irse cómo los futbolistas: 21 jugadores que disputaron el torneo local en 2017 han emigrado al exterior para este año. Estados Unidos y Chile recibieron a cinco y tres venezolanos respectivamente, y -para seguir con el exotismo – Eslovaquia a dos (uno de ellos es el mundialista sub-20 Ronaldo Chacón) y Bahrein a Jairo Otero, hermano de Rómulo, quien hace destrozos en Brasil con el Atlético Mineiro.

Por lo menos, al hincha le queda un amigo. Llega al estacionamiento de la residencia y llama –con cautela, para que no lo vayan a asaltar- al ‘pana’ para que baje a buscarle. Con total calma, lo recibe en la sala dónde tantas veces se juntaban amistades para jugar playstation o ver fútbol. Saluda a la familia y conversan sobre la temporada de beisbol que se encuentra en su sorpresiva gran final. “¿Recuerdas a Carlos Zambrano y Pablo Sandoval?”, dicen entre risas, así como rememoran a los jóvenes Miguel Cabrera y José Altuve, o inclusive extranjeros de gran nivel como Michael Ryan o Barry Bonds, que pasaron por la liga venezolana. Hoy en día es difícil: desde el secuestro de Wilson Ramos en 2011, las franquicias de MLB son extremadamente celosas a la hora de otorgarle a un beisbolista permiso de jugar en Venezuela. Aún se ven jugadores que le dan color a la liga, como Endy Chávez, Balbino Fuenmayor y Alexi Amarista. Hubo jóvenes que no volvieron, como Odubel Herrera o Rougned Odor; y rendidores que para este año fueron mandados a parar, como Adonis García.

De la nostálgica discusión, de nuevo al estadio. Han pasado tantas veces por esa vía y no deja de volverse divertida. Las calles están más desoladas y en comparación, son muchos los negocios cerrados de hace tiempo. Se sientan en la tribuna con la plata contada: en comparación al béisbol, el fútbol es más ‘barato’, pero los snacks en el estadio no pueden volverse un lujo recurrente, ya que desequilibra un presupuesto.

“¿Quién es ese chamín?”, le pregunta el amigo al hincha. “A ese pana yo lo ví en las inferiores, es muy bueno”, responde el fiel aficionado a todas las categorías del club de su vida. Efectivamente, el muchacho responde, trazando una diagonal de la banda hacia el centro, una pared con el ‘9’ y define cruzado al segundo palo. 1-0 de ventaja en el marcador y la ‘avalancha’ hasta pie de cancha para celebrar con el futbolista no es igual. No empuja con tanta fuerza. El jugador señala a la grada dónde unos locos lanzan papelillos para darle movimiento a la tribuna. Una pareja en la grada se pregunta: “¿De dónde lo han sacado?”, los periódicos cierran por falta de papel y todo el que lo se usa se intenta economizar lo máximo posible.

Contragolpea el cuadro rival, superioridad numérica de los locales. De cuatro opciones posibles, el rebelde atacante contrario escoge al volante veterano, que a sus 35 años y con un físico envidiable para los amantes de la cerveza, juega en su décimo séptimo equipo en diez años. Nunca brilló en ningún lugar: primera, segunda, intentó en el extranjero y con las mismas regresó. Fácilmente queda regado y llega el empate con las tablas en el marcador (1-1). Se escuchan las voces en la tribuna de “¿Hasta cuándo?”, pero la verdad es que no hay casi opciones en el mercado más que este curioso jugador: son pocos los extranjeros que se animan a venir, los criollos que han buscado regresar y entre las opciones del mercado local, realmente y con gran pesar no hay mucho más que puedas encontrar.

Con el frustrante empate en el marcador, este par de hinchas se dispone a regresar a sus casas. Nuevamente con apuro, no vayan a tentar a algún delincuente. Hay valientes que decidieron regresar, como Frank Feltscher o Bernardo Añor, otros tantos que prefirieron irse a buscar oportunidad en divisiones inferiores antes que regresar a su país. Curiosamente, vuelve a sonar Wind of Change, y realmente, se sienten los vientos de cambio en esta nación ubicada al norte del sur.

Fabrizo Cuzzola.

The Line Breaker

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