LugaresMomentosEn el sendero de Gótama

“¿Qué está pasando? ¿Es una pesadilla?”
Gabriel Hidalgo9 meses ago152810 min

El reloj marca las ocho de la mañana, el sol se asoma en la zona de Greenwich. Aquella que sirve como referencia para definir el uso horario del resto del mundo. También se asoma por el Palacio de Buckingham y por Trafalgar Square. Anuncia el final de la vida nocturna de la primera cosmopolita europea. Se asoma en la zona de Wembley, que preserva un escenario único. Hogar de grandes hitos del fútbol, pero también de grandes hitos musicales. No se olvida aquel concierto veraniego de 1986, cuando Queen expuso una de las presentaciones más recordadas de todos los tiempos. Decenas de miles de personas coreando Under Pressure y A Kind Of Magic, bajo la dirección de Freddy Mercury, quien es probablemente, la figura más emblemática en la historia del rock. Por estas y muchas otras cosas, como el encanto de los pubs que rodean Hyde Park, o la elegante zona de Fulham a las orillas del río Tamesí, o hasta la propia Abadía de Westminster; Londres es una ciudad única. Es sinónimo de vida. Londres es pasado, presente y futuro. Londres lo tiene todo.

Pero esto no es más que, una recopilación de virtudes. Ciertamente, de una ciudad que ha visto a grandes personajes de la historia. Como a Charles Darwin, quien escribió en este lugar, algunas de sus obras más importantes, como El origen de las especies y El viaje del Beagle. O a un tal Karl Marx con su obra maestra, El Capital, a mediados del siglo XIX. Hablamos de la misma ciudad en donde reside la monarquía más grande e importante de la actualidad. Hablamos de la cuna de la revolución industrial, del punto cero de la época victoriana. Hablamos de historia pura, impregnada en cada pared. Pero más importante, en cada individuo. La trascendencia cultural como herencia de cada generación, en una isla que apunta a la presencia de los primeros seres terrenales, hacia la pre-historia.

Pero esto no es más que, una recopilación de datos históricos. Para un chico del extranjero, que viene de bastante lejos, poco puede llegar a importar. O más bien, no encuentra mayor diferencia con respecto a otras ciudades europeas, como Florencia, Udine, París o Barcelona. En todo caso, la rutina sigue en pie. Poco más de 30 minutos de viaje para llegar al lugar de trabajo. Encontrar un acorde funcionamiento físico, generando un desempeño superior al de tus allegados. Hasta ahora todo marcha según lo planeado. Porque hasta en las oficinas suena la nueva canción de su amiga Shakira, a quien conoció hace ya, un tiempo. No se sabe el nombre del tipo que la acompaña. Pero el ritmo es bueno, y resalta algunas cosas que le parecen hasta graciosas. ¡Eso es! Es lo que sientes al darte cuenta de que realmente te gusta algo. No olvida preguntar por el nombre, porque apenas llegue a casa, la pondrá a todo volumen. Algunos halagos más antes de acabar el día, pensando en que tiene que salir de la ciudad dentro de pocas horas. Por suerte, en Europa las distancias son bastante cortas. Puedes llegar al sur de Italia en pocas horas. Es como cruzar de norte a sur un continente, salvando las diferencias que se presentan con la región de dónde este chico viene.

A la noche siguiente, se encuentra alistándose en un hotel de Munich. Todo parece ser bastante cómodo. Desde que pisó Alemania por primera vez, varios años atrás, ha cambiado por completo de parecer. Le encantó la comida, la cultura y las personas. Disfruta del anochecer de una las ciudades más modernas de toda Europa. Pisa el estadio, y no puede evitar recordar aquella transmisión por televisión, más de una década atrás, en la que se inauguraba dicho recinto. Ya lo sentía cercano en aquel entonces, porque a pesar de estar recién mudado a Santiago, la capital, había firmado con un empresario italiano que le abriría las puertas del viejo continente, en cualquier momento. Son flashbacks. Han pasado tantas cosas en esos casi 12 años, que el recuerdo cada vez es más efímero, cada vez es más sensorial.

Definitivamente no fue su noche. El sueño de consagrarse como el mejor de Europa, parecía cada vez más lejano. Rabia, furia, decepción. No se siente tan cansado físicamente, como otros. Y eso le produce más impotencia aún. Por su mente pasaban los fallos de sus compañeros, todo lo que pudo hacer si ese balón le llegaba. Pero no fue así, y sabía que no era su culpa. El regreso a casa se hizo eterno. La espera para la revancha, aún más. De todas formas, no hubo realmente alguna revancha. Este año no se iba a consagrar. Y vaya que iba en aumento la impotencia. Cuando el gran objetivo queda descartado, los días consiguientes pasan muy lento. Lleva 7 años sintiendo lo mismo. Cada vez se hace más pesado. Más insoportable. Encima tiene que verlo por televisión. Y sí se hace algunas preguntas: “¿Cómo es que Ryan Bertrand si levantó una copa, y yo todavía no?”.

La rutina consume las siguientes semanas. ¡Llegan las vacaciones! Pero realmente no está de vacaciones. Tiene que ir a Rusia a jugar un torneo de exhibición, o eso cree internamente. Quiere ganarlo, porque se identifica como una persona ganadora, exitosa. Quiere olvidar todo el primer semestre del año y levantar otro título para su gente. Para su país. Este tipo es la prueba viviente de que si se puede ser profeta en su tierra. Y él lo sabe. Rusia es muy grande, ya entiende porque cubre dos continentes. El tipo de la recepción del hotel lo trata como “señor campeón de América”, y vaya que le gusta ese apodo.

Vuelve a la cancha. Lo hace bastante bien. Y su selección también. Aunque siente dudas por el tipo de turno que se para en la raya a darle indicaciones, trata de cumplir. Lo menos que quiere es provocar algún revuelo extra. No es de esos. Mientras menos pueda hablar, mejor. Honestamente, no le interesa hablar de su vida, ni de lo que hará, ni de lo que dejará de hacer, con tipos extraños. Empieza a encontrar un gusto por la música electrónica. Y por los shots de vodka también. Nada puede salir mal, es parte de experimentar otras culturas. ¿Otra vez Alemania? Otra vez Alemania. Lo peor del caso es que no enfrenta a Thomas Muller o Manuel Neuer. Esta vez toca ante el relevo de estos tipos. Era más humillante aún. En su país reconocen el esfuerzo. Y valoran el haber quedado a las puertas, tanto como hasta el propio campeonato. La meta es volver y hacer un buen papel al año siguiente. En un torneo real. En el que será, el torneo más importante de su vida.

No puede ocultarlo. Ver su nombre en cada tapa, le llama la atención. Decide hablar con su agente. Le explica la situación, la cual él ya sabe. Solo que igual lo escucha, para hacerlo sentir mejor. No quiere irse de las islas, eso sí está claro. Es mucho mejor que vivir en los alrededores del mediterráneo. Le agarró el gusto al clima. Y hasta este punto, todo queda bastante claro. No soporta ver cómo se van los años, y aún no lo logra. Siente que no salió de la región de Antofagasta sólo para esto. Puede hacer algo más. Puede haber algo más. Así que lo deja en manos de su agente, mientras sigue ejercitándote en casa. También le da “like” a algunas publicaciones del club. Parece que han traído a un nuevo delantero francés. Pero recuerda la conversación con su agente. Es hora de hacerlo de nuevo. Es hora de evolucionar. O al menos eso siente.

Ya ha transcurrido el primer mes de transferencias. Y sinceramente, ha perdido la cuenta de la cantidad de noticias que ha visto con su nombre. ¿Real Madrid? ¿Bayern Munchen? ¿Paris Saint-Germain? No hace falta recordarle a su agente sus exigencias básicas. Y vaya que hay opciones que cumplen los parámetros. Sigue ejercitándose. No puede pasar muchas horas sin hacerlo. La consolidación de un hábito que adoptó en sus tierras, y que reforzó con Antonio Di Natale de compañero. La nostalgia vuelve a su vida: “que buenos tiempos”. Ha llegado la hora de presentarse a los entrenamientos. Porque aún tiene contrato. Sabe que su representación busca su salida, a pesar de algunas negativas, así que todo pareciera complicarse. Es un miedo prematuro. Queda mucho. O eso quiere creer.

¡Vaya extraña se ha hecho esta rutina! Sus colegas le empiezan a preguntar. Dependiendo del grado de confianza, cuenta la situación. Unos entienden, otros se hacen los entendidos. Realmente no sería una novedad, sabido está. Pero la obligación que siente el grupo de gestar una temporada de redención, se siente en el ambiente. Escucha a algunos, a otros no. No cree encontrar algo beneficioso de dichas charlas. ¡Solo queda un día! Pareciera que todo ocurre más rápido. Es su última oportunidad. Y aparece Pep, el mismo que le llevó a Barcelona. Lo conoce. Es un buen tipo, y lo quiere, que es lo más importante. El sí es rotundo para su agente, quien vuelve a confrontar al club dueño de la ficha. En el fondo sabe que las probabilidades de no salir, van en aumento. Le han llegado algunos mensajes. No quiere hablar con el corresponsal de Tocopilla. Aún no. No hasta que se defina su futuro. ¡Y vaya que se le está haciendo tarde!

En medio de toda esta película, pasa una desgracia deportiva sin precedentes. La selección chilena de fútbol cae derrotada frente a Paraguay y Brasil, y tras una combinación de resultados, queda afuera de la zona de clasificación al mundial. “¿Qué está pasando? ¿Es una pesadilla?”. Aumentan las preguntas en la mente de este tipo, que ahora no solo tiene que lidiar con un futuro incierto, porque el mercado de pases ha cerrado. La promesa de su agente, no se cumplió. Tampoco le recrimina. Entendía la sólida postura que mostraba el club ante su caso. Parecía un sueño truncado. O un paso hacia atrás. Le costó asimilar que no jugaría los dos torneos más importantes del mundo, en los próximos meses. Jamás había vivido algo parecido. De hecho, jamás había sentido que su carrera iba en picada. De Cobreloa a Colo-Colo, luego a River Plate, para por fin llegar a Udine y saltar en poco tiempo, a Barcelona. La Premier League era lo que le faltaba, y tras el mundial de Brasil se hizo realidad. Pero el tiempo fue demostrando que no estaba tan cerca como lo creía. No estaba tan bien rodeado como lo sentía. Era sólo esperanza, con alegrías efímeras. Aquello de levantar la copa más añeja del mundo, lo dejó de marear. Él sabía que su objetivo estaba lejos. Y por eso decidió acercarse mediante un traspaso. Pero fue truncado. Y al menos por otros cuatro meses, debía continuar con su rutina. Con la misma de las últimas tres temporadas. Nada cambia. Más bien, todo empeora. El discurso comienza a agotarle. Su ciclo debió terminar.

Pasaron los días, las semanas y los meses. Los goles ya no eran motivo alguno de grandes celebraciones. Por primera vez, se sentía excluido de todo ambiente mundialista. Ese que se genera cuando falta poco tiempo para la gran cita. La decepción implica un silencio generalizado. Mientras menos se hable de la selección, mejor. Ahora mismo se le cruzan otros objetivos, como volver a competir en Champions. Bastó con ver a la distancia la fase de grupos. Eso le pegó más de la cuenta. Sabía que su temporada era una más de buenos números. Pero solo eso. La ilusión de poder competir ante los más grandes de Europa, era nula. También se sentía excluido de todo ambiente elitista europeo. Por suerte, el mercado de pases se acercaba, y con él, nuevas noticias de su salida. El punto de referencia era Manchester, donde a lo largo de la temporada, se han vivido los momentos más emocionantes. “¡Qué bien juegan! ¡Quiero estar ahí!”. Tampoco sentía culpa por desearlo, los focos apuntaban a otra dirección y eso, para un ganador, para un competidor, abruma.

¡Todo ha terminado! La hora de partir ha llegado. Los últimos meses han pasado tan lentos, que resumirlos en 2000 palabras es considerado un acto heroico. Empacar sus maletas, abrochar a sus perros y marcharse. Se va con grandes recuerdos, con grandes alegrías. Deja atrás grandes compañeros, grandes personas. También concluye una experiencia que lo catapultó como un jugador referente a nivel mundial. Jamás pensó, cuando aún vivía en la región norte central de su país, que niños en Hong Kong, Malasia y Singapur, desearían ser como él. Se adentró en aquello de la globalización. Porque ciertamente, trabajó por varios años en un lugar que sabe cómo explotar eso, bastante bien. Su obra ha terminado. Y si bien ha quedado bastante lejos de otras, como la de Thierry, Dennis o Robert, no le hace mayor ruido. Tampoco el haber vivido en la tierra donde Charles, Karl y Freddy, forjaron su inmortalidad. Aquel chico extranjero, sigue aprendiendo. Se va un poco más al norte, donde también se forjaron grandes futbolistas, grandes músicos. Se va a una tierra marcada por la condesa. No se va muy lejos, pero si lo suficiente como para sentirse en una nueva casa. Al final del trayecto, solo lo empuja seguir creciendo. Seguir evolucionando. Y cuando te das cuenta de que, en algún trabajo, esto parece lejano, das un paso al costado. Buscas nuevos horizontes. Somos humanos. Somos ganadores. Y algunos lo entienden más rápido que otros. Los llaman exitosos.

Gabriel Hidalgo

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