HistoriasSalamanca: cuando David venció a Goliat

The Line Breaker7 meses ago9316 min

Afortunadamente, la grandeza en el fútbol no siempre se logra a base de talonario. En ocasiones, la magia del balón se desplaza hasta los lugares más humildes, alejados de los grandes focos, para ilusionar y alegrar las vidas de los aficionados de aquellos clubes modestos que, por un instante, pueden hacer realidad sus sueños, desafiar a Goliat sabiéndose David y alcanzar una gloria que perdure eternamente en el recuerdo. Eso fue lo que consiguió la U.D. Salamanca durante la temporada 1997/1998.

Sin embargo, y a pesar de quedar alojada para siempre en los corazones charros, la campaña no arrancó de la forma esperada. El Salamanca, que había logrado recuperar la categoría apenas una temporada después de perderla de la mano de Andoni Goikoetxea y de jugadores de la talla de Giovanella, Desio, Barbará y unos jovencísimos Míchel Salgado y Pauleta (Trofeo Pichichi con 19 goles), no conseguía carburar. La directiva no quería volver a pagar la novatada y, tras la experiencia del descenso a Segunda en la 95/96, el presidente Juan José Hidalgo decidió prescindir del técnico que hacía unos meses había devuelto al club a la máxima categoría. La derrota en Mérida ante un rival directo supuso el detonante definitivo para la destitución de Goikoetxea, que, curiosamente, fue reemplazado en el cargo por otro vizcaíno, ex jugador y entrenador del Athletic Club, Txetxu Rojo.

El cambio de entrenador supuso un fantástico estímulo para una plantilla que comenzó a rendir a un nivel hasta el momento desconocido; de esta forma se empezó a gestar la leyenda de matagigantes. Todo comenzó con un empate de prestigio en el Vicente Calderón, continuó con la toma de Mestalla y, luego, la imponente goleada en casa ante el Deportivo de la Coruña de los Fran, Donato, Mauro Silva y compañía.

Para cerrar la primera vuelta, la Unión recibía al todopoderoso F.C. Barcelona en un abarrotado Helmántico. La magia y la mística de la noche de Reyes, esa en la que los deseos y las ilusiones se hacen realidad, iba a regalar a todos los presentes momentos antológicos. La remontada en los últimos 10 minutos de partido, tras ir perdiendo 1-3 ante los Rivaldo, Luis Enrique, Figo y De la Peña, entró inmediatamente en los libros de memorias de la entidad salmantina, y el recuerdo de esa noche es una historia que, relatada como un cuento inverosímil, aún hoy sigue pasando con orgullo de generación en generación, de mayores a pequeños.  Los goles de César Brito y Silvani desataron la locura colectiva de una estremecida y exultante hinchada, cuyos gritos de felicidad todavía pueden escucharse en el feudo salmantinista como un eco en la eternidad.

Haciendo realidad lo imposible
Sin embargo, ésta no sería la última noche de éxtasis a orillas del Tormes. La primavera trajo consigo dos nuevas gestas al alcance de unos pocos elegidos. En la primera, el conjunto charro logró ensombrecer los 4 tantos de Vieri en la visita de un Atlético de Madrid que se llevaría a la capital un doloroso 5-4, en el que Popescu con un triplete y Edu Alonso con un tanto en el último suspiro resultarían coronados como héroes. Tres semanas después, Salamanca volvería a su rutinaria locura con una nueva exhibición: un recital demencial que culminó en un aplastante 6-0 ante el Valencia de Mendieta y el Piojo López. Pero lo mejor, por imposible que pareciera, aun estaba por llegar.

Se alcanzó la última jornada y, a pesar de los fantásticos resultados ante los grandes, el fantasma del descenso acechaba peligrosamente. La salvación pasaba por una improbable victoria en casa del Barça campeón. Pero, en una temporada en la que la magia había acudido fiel a todas las citas del Salamanca en cada duelo ante los más poderosos, no podía faltar una última machada para redondear un año inolvidable. Aquel histórico 1-4 y los goles de Pauleta coparon todas las portadas al día siguiente, las cuales hacían eco del brutal partido realizado en el Camp Nou. Despliegue con el cual sellaron una permanencia que antes del inicio del partido se antojaba imposible.

El final de un sueño
Desgraciadamente, aquella que fue, probablemente, la mejor noche en la historia de la institución, fue también su última gran noche. Lentamente, el proyecto fue muriendo de éxito. Los directivos perdieron el control de la situación, la inversión en fichajes fue mucho más allá de lo que una entidad tan humilde podía soportar y las decisiones en los despachos, sumadas a las deficientes planificaciones deportivas, se terminaron sintiendo sobre el césped. La gloria y las alegrías desaparecieron para dejar únicamente espacio a la angustia y el llanto. El descenso a Segunda división fue la antesala de aquello que ningún amante del fútbol querría contar jamás.

En 2011, la UDS cayó a ese pozo cruel y sin fondo que es la Segunda División B y, tras dos temporadas agonizando y desangrándose, las deudas terminaron provocando el fatal desenlace: la disolución y desaparición del Salamanca en junio de 2013, acabando con una entidad que contaba con 90 años de historia y dejando un vacío imposible de llenar a todos aquellos aficionados que alguna vez quebraron sus gargantas en El Helmántico apoyando al equipo de sus amores.

Una afición que añora con desmesurada nostalgia a su amada Unión, pero que en lo más profundo de su corazón aún consigue sacar fuerzas para sonreír al recordar que, a veces, lo imposible se convierte en realidad. Como en aquel mágico 1998 en el que los Stelea, Vellisca, Giovanella, Pauleta o Silvani hicieron historia y entraron por la puerta grande en el olimpo de la afición salmantina. Regalaron algunos de los mejores momentos de su vida a una hinchada que se permitió soñar despierta y disfrutar de una gloria que jamás se hubieran ni siquiera atrevido a soñar que estaba hecha para ellos.

La magia del fútbol. La magia de aquel inolvidable 1998 a orillas del río Tormes.

Pablo Ortega.

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