ColumnasOpiniónLa cebra vendió una línea

Juan Camilo Ortiz Villa12 meses ago8943 min

Cuando se dice la venta de un defensor afecta la capacidad de ataque del equipo en el que jugaba, generalmente se está hablando de un lateral. Esto sucedió con el FC Barcelona la temporada pasada, cuando dejó ir a Dani Alves a la Juventus. Y si bien es precisamente del club turinés de quien hablaremos, no se trata de un defensor de banda sino de un central: Leonardo Bonucci.

En principio, pareciera que la importancia ofensiva que se le podría otorgar a un defensor central recae en su capacidad de juego aéreo para las pelotas paradas. En muchos casos esto es cierto, pero el antiguo 19 de la Vecchia Signora era una pieza clave de su mecanismo ofensivo – entendiendo el ataque como todas las acciones de un equipo en posesión del balón –.

Con el arribo de Antonio Conte a la Juventus en el 2011, también llegó un nuevo sistema de juego que giraba alrededor de una de las peticiones del nuevo entrenador: Andrea Pirlo. El exrossonero fungió como gestor de la mayoría de ataques del club turinés, especialmente por su habilidad de pases largos, y esto fue uno de los factores que resultó en los tres scudetti que conseguiría Conte.

Sin embargo, en la Champions League la historia fue distinta. En el 2013, el entonces director técnico del Bayern Munich, Jupp Heynckes, identificó correctamente la estrategia de la Vecchia Signora y plantó a Toni Kroos al lado de Pirlo, impidiendo su conexión con el balón. Sin más alternativas de ataque, la Juventus tuvo unos cuartos de final sin anotar un solo gol.

Uno de los grandes méritos del actual técnico juventino, Massimiliano Allegri, quien tomó las riendas después de la partida de Conte, fue sobrepasar ese obstáculo. No lo hizo abandonando el sistema de su predecesor, de hecho, mantuvo la función de Pirlo incluso después de la partida del jugador, delegándole la tarea a Miralem Pjanic. Su  logro fue complementarlo, respondiendo a la pregunta ¿cómo dar salida cuando el volante encargado está bloqueado?

La respuesta ya estaba dentro del club y se llamaba Leonardo Bonucci. Su capacidad de salida en largo ya había quedado de manifiesto en algunos partidos de la época de Conte, pero en ese entonces solo se miró como un valor agregado del defensor. No obstante, Allegri encontró en él una segunda fuente para la ofensiva y, de este modo, el jugador de campo más atrasado se volvió vital para el más adelantado.

Así, la Juventus solidificó su propuesta y obtuvo resultados destacables, alcanzando la final de la Champions League en 2015 y 2017. La estrategia era clara y efectiva. El mediocampista encargado de dar salida, fuera Pirlo o Pjanic, era la primera opción para comenzar la jugada. Si los presionaban, el balón pasaba a Bonucci quien, más atrás pero no menos preciso, lanzaba los pases largos. Cuando hostigaban también a Bonucci, bastaba despejar el balón hacia la zona de Mario Mandzukic, pues presionando las dos fuentes de ataque del club turinés, el rival se quedaba sin jugadores para ganar los rebotes que terminaban a disposición de la Vecchia Signora.

Un sistema ciertamente ingenioso y sin embargo, desarmado por la misma Juventus. La venta de Bonucci al AC Milan deja la incógnita de cómo se mantendrá este sistema, ya que en el caso que Mehdi Benatia o Daniele Rugani –las alternativas para esa posición– puedan sustituirlo defensivamente, no podrían cumplir jamás con su rol en ataque. Incluso acudiendo al mercado, no hay a primera vista un jugador fácilmente adquirible que funcionaría.

Por eso es preocupante la venta de Bonucci. El central se había convertido en un componente endémico del equipo rayado, era una de las líneas de la cebra. El club turinés ya padeció el primer revés de esta transferencia, perdiendo la supercopa italiana contra una Lazio que con solo bloquear a Pjanic dejó coja la ofensivab bianconera.  Nadie puede negar que la Juventus siga siendo ella misma y que aún pueda superar a animales más pequeños. Pero se ve extraña; le hace falta algo al organismo. Es como si la cebra estuviera más vacía.

Juan Camilo Ortiz Villa.

Juan Camilo Ortiz Villa

Redactor, aficionado al cine, amante del fútbol. Humano con la tendencia a corregirse y el privilegio de equivocarse.

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