Charla de CaféEntrevista a Alfredo Morelos, un búfalo en Helsinki

Daniel Hinojosa2 años ago12839 min

El frío en Finlandia, particularmente en Helsinki, la capital, no es de juego. Y para Alfredo Morelos, cordobés de pura cepa, mucho menos. Acostumbrado a habitar bajo el moteado del inclemente sol cereteano (que oscila entre los 30 y 35 grados) y criado en la región ganadera de Córdoba, al norte de Colombia, esos fríos “le pegaron duro”, sobre todo los primeros días, afirma. Morelos es un muchacho alto, de tez morena avellanada, pelo lacio corto y de trato afable. Cuando respondió a las preguntas del periodista caían rutilantes 12 grados sobre la pintoresca capital de Finlandia que, en postales, parece sacada con pinzas de un cuadro de Monet y puesta aleatoriamente al nordeste de Europa. La ciudad es un acontecimiento; por ello en la variada gama de tours que hay por la gélida cuna de las antítesis, siempre se ofrece titulando “Conozca el corazón de Escandinavia y Helsinki”. ¿Porqué? Por que allá se propone matrimonio, por tradición, de parte de la mujer al hombre y, por error de diseño o pura corazonada anarquista, la puerta de acceso a los vagones del tren tiene pintada una mano de seis dedos, entre muchas otras que conforman un envidiable repertorio de trivialidades curiosas (y políticamente incorrectas). Morelos comenta que, a la par del idioma, el clima ha sido el talón de Aquiles en su adaptación al país y a la ciudad. El periodista lo entiende, porque no ha de ser fácil para alguien que, fuera de nacer en tierra tropical donde impera un calor sofocante y se habla un dialecto diferente a cualquier otro debajo del sol, pasó los anteriores seis años de su vida en una ciudad que no por nada es apodada bajo el calificativo de la “eterna primavera”. Para colmo, desde donde el periodista escribe hacen, comparados, unos insignificantes 19 grados, y este siente que le reemplazaron los huesos por bastones de cristal humeantes y en deshielo. Es todo ciertamente entendible.

En la costa caribe colombiana, la escena de una banda de niños dando patadas en calles polvorientas de pavimento caliente a una creación autóctona de paños amarrados en forma circular denominada “bola de trapo” es común. Y en Cereté, a principios de siglo, Alfredo Morelos era uno de esos niños. Desde los cinco años, dice, tomó conciencia de que lo suyo era el fútbol, y con el apoyo incondicional de su padre, que a pesar de sus limitaciones económicas siempre lo alentó, se enfundó su primera casaca, la del club Los Fumigadores en su natal Cereté:

“En muchos de los torneos que jugábamos yo quedaba de goleador, tanto en Los Fumigadores como con la selección Córdoba en los torneos nacionales. Siempre supe que sería delantero.”

Cuando un día de verano los ojeadores del Independiente Medellín paseaban por Cereté buscando talentos para incorporar a su cantera, les causó curiosidad un morochito que no se cansaba de hacer goles en un equipo de la ciudad; lo fueron a ver con altas expectativas que, al final, se cumplieron con creces. Ese día Morelos marcó varios goles y los ojeadores no dudaron. Se lo llevaron a Medellín junto a otros dos compañeros para probarse con la cantera del equipo y, si tenían suerte, ser incorporados al club. Con cero nervios, temple de acero y determinado a dar un paso más para acercarse a su sueño, Morelos fue el único de los tres muchachos cordobeses que pasó la prueba para las inferiores del “Poderoso”:

“Pasar la prueba fue el primer paso. A partir de allí empezó mi proceso con el Medellín, y me fue tan bien que a los seis meses de estar trabajando en las inferiores me ascendieron al equipo profesional.”

Empezó a trabajar con el plantel profesional que dirigía Pedro Sarmiento (aunque el principal valedor de su llegada fue Hernán Darío “Bolillo” Gómez), un viejo ídolo del eterno rival que, como jugador, había hecho parte, entre otros, del mítico América de Cali dirigido por el médico Ochoa Uribe que cayó en 3 finales continentales seguidas, suceso que muchos atañen a la mitología, a una archiconocida maldición comúnmente denominada “La maldición del garabato”. Con Sarmiento, un tipo rígido, fuerte y metódico, se ganó el apodo que hasta hoy lo persigue: “El Búfalo”:

“El apodo me lo puso el cuerpo técnico del profesor Sarmiento. Me decían el Búfalo de Cereté. No sé cómo se les ocurrió.”

Morelos se define como un delantero “potente, fuerte y de buen juego aéreo, que le gusta encarar”. Dice que se siente más cómodo jugando con un compañero arriba y recuerda con cariño su primer gol como profesional. La noche que significó la puntada inicial para un registro que, hasta el sol de hoy y en 3 años sin mucha continuidad, acomoda cinco goles como profesional, cuatro de ellos en Finlandia. La primera diana la marcó ante Envigado, en un partido por Copa Colombia; un centro desde la izquierda de Daniel Hernández en el minuto diecinueve y un testarazo certero de Morelos para poner a ganar a un Medellín que aquel día sello un triunfo por dos goles a cero.

Arribó este año al Helsinki, principal equipo de Finlandia y absoluto dominador del rentado local, en calidad de cedido y con apenas diecinueve años. Todos los pasos de su carrera han ido a velocidad centrífuga, llegó temprano a donde muchos anhelan llegar y, muy a pesar de todo, no ha dejado de ser el muchacho humilde, centrado y trabajador que abandonó Cereté con una maleta cargada de sueños a cuestas. Al llegar, dice, le dio duro tener que combatir el jet lag, habituarse al cambio de horario (Finlandia tiene ocho horas más que Colombia) y pactar una tregua con el cuerpo en la silenciosa batalla a la hora de dormir, cuando su reloj interno estaba, literalmente, al revés:

“Me costó acoplarme a la dormida y a los horarios, ese vacío que sentía era muy terrible. Pero bueno, todo en la vida se puede y yo estoy cómodo y habituado a Helsinki.”

Con sus compañeros, algunos con extenso bagaje europeo como el ariete finés Forssell (con paso, entre otros, por Chelsea, Birmingham o Hannover) o el nigeriano Taiwo (ex Milan) se lleva bien, a pesar que reconoce no entenderles casi nada de lo que dicen. “Aunque no les entiendo es agradable compartir el día a día con ellos” asevera. Tiene consigo a un amigo colombiano que le traduce para “estar más informado sobre lo que quiere el técnico para la táctica de los partidos” y en ocasiones los compañeros le colaboran para cuadrarse con las horas de entrenamiento y de partido:

“Pero eso no es todo el tiempo. Solo en ocasiones. Yo siempre estoy pendiente y pregunto cada cosa, todo marcha muy bien. Intento ayudarme de todos los recursos que puedo porque el objetivo es ser el goleador del equipo y de la liga, para darle muchas alegrías a la hinchada que me ha acogido muy bien y es muy agradable tenerlos del lado de uno.”

Los días de partido se levanta temprano y mentaliza para dar lo mejor de sí porque, según afirma, está allí “para aprovechar todas las oportunidades y dar siempre el máximo”; dice estar muy agradecido con Dios por todas las oportunidades y se manifiesta contento de jugar para el equipo más grande del país. Del fútbol finés comenta que es “rápido, fuerte y muy agresivo. Hay mucho contacto, más del que la gente cree”, lo que invita a pensar que el balompié escandinavo, de amateur, tiene poco.

Fuera del campo es un tipo muy familiar. Aprovecha los ratos libres para salir a dar un paseo con su esposa por Helsinki, ya sea a un centro comercial o a cualquiera de los distintos lugares turísticos de la ciudad, que afirma por experiencia propia son “muchos y muy lindos”. Todos los días se conecta con sus padres y hermanas en Cereté por video chat para no perder la costumbre y en su apartamento suena desde vallenato hasta champeta, salsa o reguetón, irrumpiendo en el silencio semi sepulcral de un país muy dual en sus costumbres y creencias, pero que conserva su aire metodista. Cada que puede también dedica un rato a seguir el fútbol colombiano, a pesar de la dificultad por la diferencia horaria:

“Claro que miro mucho fútbol de Colombia. Siempre estoy pendiente. Sigo sobre todo a mi equipo, el Medellín, que fue donde me formé y fueron los que me dieron la oportunidad de estar donde estoy.”

La vuelta de la selección Colombia a unas justas olímpicas no le sorprende pues él, habiendo sido partícipe de procesos Sub-20 con Carlos “Piscis” Restrepo, es consciente del talento que sobreabunda en las categorías menores del fútbol nacional:

“No es casualidad, el talento que hay allí es impresionante.”

Morelos se siente dichoso de ser embajador del país en el extranjero, manifiesta que quiere hacer muchos más goles y esperar a su tiempo tener la oportunidad de representar a la selección Colombia de mayores. Dice que, de regresar al país, volvería un Alfredo Morelos distinto al que se fue: Uno más maduro, con mayor experiencia, ritmo futbolístico y, de seguro, con más personalidad y carácter. Su propósito al vestirse de corto cada domingo y correr tras un balón va más allá del dinero. Asegura que, fuera de sacar a toda su familia adelante y asegurarle un buen futuro a su esposa, quiere ayudar a muchos niños de escasos recursos para que salgan adelante con el fútbol, sobre todo en el club que lo vio nacer, los Fumigadores de Cereté. Tiene un lado filantrópico que pocos conocen:

“Quiero ayudar a muchos niños para que saquen adelante a sus familias. Colaborarle en todo lo que pueda al club que me formó como profesional y como persona. Ayudar a mucha gente pobre.”

Profesionalmente hablando, anhela quedarse en Europa, seguir creciendo a pasos agigantados como lo ha hecho y llegar con el tiempo a alguno de los clubes más grandes del continente. Cuando el periodista le pregunta por el compañero con mayor talento con el que ha jugado, duda. Se decanta por varios nombres, entre ellos Daniel Torres, Cristian Marrugo y dos enemigos naturales de posición: los porteros David González y Anthony Silva. Dice que, futbolísticamente, es el fruto de los granos de arena en forma de consejos que han puesto en él cada uno de los entrenadores que ha tenido; pero recuerda con especial cariño a Hernán Torres y su entonces asistente “Chusco” Sierra “porque me dieron la oportunidad de jugar con cierta continuidad”.

En la actualidad es el tercer goleador del torneo finés y el primero de su equipo junto al nipón Tanaka y el nigeriano Taiwo, todos con cuatro dianas. No por nada al preguntarle por su ídolo futbolístico responde, dubitativo una vez más, que le gustan varios como Falcao, Bacca o Luis Suárez.

Hoy lleva una vida cómoda y sosegada, está feliz y agradecido con Dios por todo lo recibido y espera que en el camino vengan triunfos, alegrías y, sobre todo, muchos goles. Sobre su futuro aún no sabe, aunque no descarta quedarse en tierras escandinavas; por eso habrá que ver si, cuando él ya esté durmiendo después de darse el feliz año con su esposa este diciembre en la fría Helsinki, su familia aún esté tirando voladores, bailando cañonazos y tarareando la tonada que incita a correr a casa y abrazar a la mamá:

“Hay que ver qué pasa, aún no hay nada seguro, pero no me disgustaría en absoluto.”

Daniel Hinojosa

Editor/corrector de estilo. Narrador por catársis. Amante de la luz titubeante, que emana del foco averiado, en el polvoriento y lúgubre camerino del perdedor.

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